miércoles, 6 de noviembre de 2019

Proverbios 6 amonesta al que se deja llevar por la pereza, la falsedad y el adulterio.

Hoy me resalta el verso 6, donde somos invitados a observar a las hormigas y aprender de ellas, sobre todo si la pereza esta tratando de afincarse en nosotros.

"Mira a la hormiga, perezoso,
observa su conducta y aprende"
(6:6)

Disfruto mucho los documentales acerca de la naturaleza por las imágenes y el conocimiento sorprendentes que suelen ofrecer. No obstante, no hay nada como ser un observador directo en la naturaleza.

Una mañana, en el colegio de mi hija vimos un sapo. Keyla y yo estábamos agachados y en silencio observando, otra niña y otro papá se unieron a la experiencia. De repente había una mariquita paseando cerca del anfibio, también hormigas y algún que otro insecto volador. El papá junto a mi dijo en voz baja y con asombro: "cuanta vida en un trocito de tierra tan pequeño" y todos seguimos en silencio observando y maravillados de un espectáculo ante el que no siempre paramos para contemplar. La lección aquel día para mi fue que hay mucho que me pierdo por no parar en medio de un ritmo desenfrenado y esto no me permite ver y entender el mundo que me rodea y lo que proclama acerca del Creador.

La vida contemplativa no solo nos propone ver cosas sencillas que pueden ser increíbles, sino que también nos expone a aprender grandes lecciones para la vida. La propuesta meditativa es tan sencilla, que nuestra cultura occidental compleja está bastante incapacitada para comprobar la profundidad y la riqueza disponible detrás de dicha sencillez.

El autor de el capítulo 6 debía saber algo de esto cuando invita a "ir a la hormiga y aprender de ella".

¿Qué es lo que me impide parar y observar escenas que ocurren constantemente cerca de mí? ¿He sentido que Dios me habla a través de contemplar el ritmo de su creación?

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