jueves, 28 de noviembre de 2019

Proverbios 28 y 29 está lleno de antítesis. La que me ha destacado dice así:

"El que encubre sus pecados no prosperará; 
Mas el que los confiesa y se aparta 
alcanzará misericordia" 
(28:13)

Ser vulnerable ante Dios y ante la comunidad es básico para un proceso sano de restauración interior. Creo que la iglesia necesita urgentemente una cultura de vulnerabilidad, donde podamos expresar con libertad nuestras luchas, nuestras debilidades y también nuestras caídas y al hacerlo, no sentirnos juzgados, ni criticados, sino abrazados.

Dios hace esto cuando acudimos a Él con sinceridad, pero Él lo hace de una manera muy especial a través de los brazos físicos del cuerpo de Cristo en la tierra.

No estamos acostumbrados a que personas de influencia nos hablen de sus errores y luchas, eso hace que los veamos en un nivel que parece inalcanzable. Sin embargo, la realidad es que todos tenemos debilidades y caemos. Cuando somos vulnerables con aquellos con los que somos influyentes, estos pueden decir: "si ellos pueden, yo también, pues yo lucho también con las mismas miserias". A veces no hay mejor manera de animar a otros, que no encubriendo nuestros pecados. Solo así podemos adentrarnos en una cultura de amor y gracia que aprende a no juzgar sino a abrazar a aquellos que reconocen sus luchas y errores y es en esa cultura donde encontramos aceptación y sanidad.

Si en mi comunidad no existe esta cultura, alguien debe empezar a generarla, y la manera es la siguiente: "no encubriendo mis debilidades, mis luchas y mis pecados ante los demás"

¿Estoy dispuesto a hacerlo confiando en la gracia de Dios y no importándome lo que los demás piensen?


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