domingo, 24 de noviembre de 2019

Desde el el capítulo 22 al 24, tenemos una serie de preceptos y amonestaciones. Entre ellas me destaca la siguiente:

"Libra a los que son llevados a la muerte; 
Salva a los que están en peligro de muerte. 
Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, 
¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? 
El que mira por tu alma, él lo conocerá, 
Y dará al hombre según sus obras." 
(24:11-12)

Estos versos traen a mi mente dos situaciones:

Por un lado, la realidad de personas en muchos países condenadas a la muerte, ya sea por su ideología, su manera de vivir, ya sea por su propio gobierno o por grupos extremistas.

Por otro lado, la realidad de personas cerca de mi que han tomado un camino que lleva a la destrucción, ya sea por no librarse del odio o por refugiarse en vicios u otras respuestas tóxicas.

Ambas realidades están presente en medio de este mundo roto, y tengo que confesar que me es fácil mirar para otro lado y seguir mi camino. Sin embargo, el texto me hace recordar cual es el carácter de nuestro Dios, y como a Él si le preocupa por dicha realidad.

Sospecho que en la vida espiritual, podemos tomar el camino de cruzarnos de brazos, el cual a menudo nos puede hacer pensar equivocadamente que lo que pasa a nuestro alrededor es lo que Dios quiere que pase, o por el contrario, tomar el camino de hacer algo ante tanta injusticia y dolor, lo cual nos lleva al lugar donde el corazón de Dios puede latir en nosotros, y entonces entender lo que realmente siente y anhela.

¿Estoy dispuesto a que el corazón de Dios impulse mi vida? ¿Qué implica ser impulsado por el corazón de Dios en medio de tantas personas en peligro de destrucción?



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