sábado, 18 de enero de 2020

ORGANIZARNOS COMO COMUNIDAD (NÚMEROS 1-4)


El libro de Números nos sitúa en un momento clave de Israel: el pueblo está aun en el éxodo, ha recibido en el Sinaí instrucciones acerca de como vivir, sin embargo, una y otra vez, han demostrado infidelidad al pacto con Dios. Los rituales alrededor del Tabernáculo han dado al pueblo una oportunidad de reconocer su condición, y de entender que son redimidos ante Dios... justo en este libro, están a punto de entrar a la tierra prometida, lo cual nos habla de la fidelidad de Dios a pesar de nuestra infidelidad.

Al sumergirme en los primeros cuatro capítulos, me encuentro con un censo y una estructura de organización del campamento. 

"— Haz un censo completo de la comunidad israelita: registrarás uno por uno los nombres de todos los varones según sus clanes" (1:2)

Estamos ante una población patriarcal, nómada y guerrera. Nos guste más o menos la condición de este pueblo, nos toca ser empáticos con aquellos que trataron de sobrevivir en condiciones extremas y que encontraron un camino para no ser destruidos en un desierto hostil y llenos de enemigos. Si no tenemos capacidad para contextualizar la escena, es muy probable que no podamos entender el valor de este texto para nuestros días, ni diferenciar entre principios universales y expresiones culturales. Aquel pueblo se interesó en contar a los guerreros, con el fin de no morir y encontrar descanso y paz. Sin duda, el verdadero descanso y paz solo dependía de Dios, pero eso nunca significó para ellos quedarse de brazos cruzados, organizarse era básico. Sospecho que detrás de esto hay un principio universal también para nosotros. 

Leyendo este texto en coomunidad sobre el recuento de los hombres, una hermana expresó que en Hechos dos vemos el contraste de un nuevo pueblo en el que las mujeres son nombradas junto a los hombres, pues en Jesús la cosa ha cambiado.   

"En esos días derramaré mi Espíritu
    aun sobre mis siervos —hombres y mujeres por igual—
    y profetizarán." 
(Hechos 2:18)

Pienso en la necesidad de organizarnos como comunidad cristiana en el día de hoy. Creo que estamos agradecidos porque en Jesús no somos una comunidad patriarcal con necesidad de soldados preparados para la guerra, sino un cuerpo donde mujeres y hombres somos considerados iguales ante Dios. Esto no solo lo debemos ver como algo cultural, sino también como una señal de que en el Reino de Dios, la horrible ruptura de que el hombre se enseñoreará de la mujer ha sido restaurada. Este elemento que mi hermana señaló en su lectura de Números bajo la luz del libro de Hechos, debe estar presente a la hora de organizarnos para cumplir nuestro propósito como iglesia en medio de un mundo roto ¿De qué manera podemos contribuir a una organización más acorde con la nueva comunidad de Jesús?

No quiero acabar mi reflexión sin señalar un elemento en Números que me hace pensar en un principio central para organizarnos. Dice el texto:

"Los israelitas acamparán cada uno con su regimiento, bajo las insignias de sus casas patriarcales; acamparán, a cierta distancia, alrededor de la Tienda del encuentro." (2:2)

Es decir, las diferentes tribus estaban alrededor del lugar donde se llevaba a cabo el encuentro profundo con Dios. La manera en la que se distribuían, no dejaba duda de lo que realmente era importante para este pueblo y de lo que realmente era importante proteger.

Esta nueva comunidad de Jesús donde mujeres y hombres son contados con el mismo valor, al igual que Israel necesita organizarse para enfrentar los retos en el Camino, y al igaul que Israel debemos organizarnos bajo la centralidad de una comunión profunda con Dios. 

Si no protegemos este valor, corremos el peligro de perdernos en el Camino y no pisar la tierra prometida. Desde esta comunión con Dios, que entendemos mejor en Jesús, es que podemos organizarnos para demostrar que en Cristo ya no hay judíos ni griegos, mujeres ni hombres... y me atrevo a decir, ni progresistas o conservadores... ni católicos ni protestantes... en el somos un pueblo diferente, unidos para centrarnos y comer en la misma mesa y en la misma posición, donde solo Jesús preside y este se agacha para lavarnos los pies.

¿Es la centralidad de Jesús y nuestra comunión con Dios el elemento desde el que nos organizamos? ¿De qué manera nuestra organización refleja o puede llegar a reflejar mejor lo que valoramos?



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