domingo, 23 de febrero de 2020

PARA EL VIAJE (NÚMEROS 31-36)

Me enfrento hoy a la última porción de mi viaje a través del libro de Números. El pueblo está cerca de entrar a la tierra prometida, y en esta lectura nos encontramos con muchos aspectos que le permitirán estar preparados para afrontar la nueva etapa y el nuevo reto.

"Entonces Moisés dijo al pueblo: «Armaos algunos de vosotros para la guerra" (31:3a)

Pienso en lo que necesitamos para enfrentar nuestro viaje espiritual y las diferentes etapas del mismo. Si bien estoy ante un texto épico que corresponde a una sociedad primitiva, guerrera, patriarcal, tratando de sobrevivir en un desierto hostil... y yo formo parte de una sociedad en un estado de bienestar, donde me puedo permitir cuestionar estructuras sociales y patrones culturales... el principio universal que creo que Dios quiere comunicarme es el mismo: la necesidad de prepararme adecuadamente para los retos de la vida espiritual.

El armamento con el que el Espíritu Santo quiere que me familiarice es el de disciplinas espirituales adecuadas para una guerra que no es contra carne y sangre, sino contra todo aquello que está en mí y en mi entorno y atenta contra la Vida para la cual hemos sido creados.

¿Qué prácticas me ayudan a ver a Dios en la realidad cotidiana, escucharlo y obedecerlo? ¿Qué me permite tener una perspectiva de aquello que me conecta armónicamente con Dios, conmigo mismo, con el prójimo y con el resto de la Creación?

Josué y Caleb son ejemplos de que es posible tener una perspectiva que contribuya a la Vida de Dios para no perdernos todo lo bueno que tiene para nosotros:

“Los hombres que subieron de Egipto, de veinte años para arriba, no verán la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no me han sido fieles, excepto Caleb hijo de Jefone, el cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron fieles a Jehová." (32:11-12)

¿Qué patrones de conductas afianzados en mí, creencias o estímulos externos debo mantener "a raya" para no perderme del Camino de la Vida? A lo largo de la lectura de este libro he sido más consciente de los problemas que me trae un espíritu de crítica que responsabiliza a otros en vez de responsabilizarme yo de lo que pienso, siento y necesito. Pero si sigo meditando, viene a mi mente también la tentación de la pornografía, de la avaricia, del engaño... como estrategias fallidas para satisfacer retos legítimos. Israel tenía que quitar de en medio de ellos todo lo que les entorpecía responder adecuadamente y los desviaba del Camino de la Vida:

"echaréis de delante de vosotros a todos los habitantes del país, destruiréis todos sus ídolos de piedra y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos." (32:52)

¿Qué altares e ídolos quedan por destruir y echar de mi interior? ¿Qué debo quitar en el exterior quitar de mi vista?

Sin embargo, la realidad es que no siempre mis acciones contribuirán a beneficiar mi relación con Dios, conmigo mismo, con el prójimo y con la naturaleza. Si, estoy en un proceso de crecimiento, de maduración, donde a veces te encuentras en un lugar no deseado que en ocasiones podría haber sido evitado. El pueblo de Israel contaba con ciudades de refugio, las cuáles bien podrían representar esos espacios de gracia y seguridad, donde Dios habita con aquellos que son rechazados, expulsados, no deseados...

"señalaréis ciudades, ciudades que os sirvan de refugio, donde huya el homicida que hiera a alguien de muerte, sin intención. Esas ciudades serán para refugiarse del vengador, y así no morirá el homicida antes de haber comparecido a juicio delante de la congregación." (35:11-12)

Jesús es nuestra "ciudad de refugio", el nos provee un lugar seguro al decirnos "ya no hay culpa", "has sido perdonado", "eres mi hijo amado". Sin este aspecto de la gracia penetrando en lo profundo de nuestros corazones, nunca estaremos lo suficientemente preparado para los retos del viaje espiritual. Los entornos religiosos, por más que se ore o se lea y estudie la Biblia, no son ninguna garantía de que contribuyan a la gracia... ¡Cuántos cristianos viven con pesos de opresión pensando que nunca son los suficientemente buenos o acertados como para que Dios los ame y abrace! La comunidad cristiana debería ser una ciudad de refugio, un lugar donde somos conscientes de nuestras debilidades y errores hasta el punto de exponerlas sin miedo, porque en vez de juzgarnos y apedrearnos decidimos acompañarnos y celebrar que no estamos solos y que somos amados. Un lugar de vulnerabilidad, donde el dolor se sane con compasión y empatía y acabe en unidad profunda y alabanza sincera ¿Qué mejor señal de la presencia de Jesús entre nosotras?

El libro acaba con las siguientes palabras:

"Estos son los mandamientos y los estatutos que dio Jehová, por medio de Moisés, a los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó." (36:12)

¿Cuáles son las directrices que el Espíritu Santo nos da hoy a través de estas historias primitivas para avanzar en el Camino de Jesús? Para ser más concreto ¿Qué prácticas o disciplinas espirituales son las que me van a llevar a la obediencia y confianza de Josué y Caleb? ¿Qué aspectos específicos de mi vida deben ser enfrentados, quebrantados y expulsados en este día? ¿Qué acciones puedo hacer en esta semana para contribuir a que la Comunidad Cristiana sea un lugar de gracia donde Jesús nos abraza a través de su Cuerpo, la Iglesia?

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