martes, 30 de junio de 2020

El libro de Ester nos sitúa cien años tras el exilio babilónico. Algunas comunidades judías no volvieron  a casa y decidieron considerar su hogar en el exilio. Esta historia ocurre concretamente en la ciudad de Susa, capital de Persia.

Un dato curioso de este libro es que Dios no es mencionado, lo cual lleva al lector a preguntarse "¿Dónde está Dios en medio de todo lo que está ocurriendo?" Las coincidencias en el relato y los giros irónicos nos llevan a descubrir que aun en un entorno hostil y securalizado, Dios está entre los bastidores llevando a cabo su plan, pero necesitaremos agudizar nuestro sentido para verle más allá del lenguaje explícito al que nos tienen acostumbrados otros libros de la Biblia. Agudizar nuestros sentidos para descubrir a Dios, es un ejercicio muy interesante para tenerlo en cuenta no solo al leer este libro, sino en medio de nuestra vida cotidiana, sobre todo, en los entorno donde quienes interactuan raramente nombran al Creador.

El libro de Ester se lee en la fiesta judía de Purim. Curiosamente, esta fiesta se celebra hoy de manera muy similar a un carnaval: la gente se disfraza, se representa la historia entre risas e ironías, y se nos recuerda, que la vida espiritual no es solo solemnidad, oración, soledad... sino que también es reunirnos a comer y compartir risas, celebración, recuerdos, esperanza, fe y dudas.

En el primer capítulo, se nos presenta al rey Asuero, bebiendo y emborrachándose en desmesuradas fiestas, donde trata de relucir su poder delante de muchos poderosos.

"En el tercer año de su reinado ofreció un banquete a todos sus oficiales y altos funcionarios. Los jefes del ejército de los Persas y los Medos, los nobles y los gobernadores de las provincias se dieron cita allí. Durante muchos días, más de ciento ochenta, hizo ostentación de las riquezas de su reino y del magnífico esplendor de su grandeza" (1:3)

"Todos los invitados podían beber cuanto quisieran, pues los sirvientes habían recibido la orden del rey de servir a cada cual lo que deseara" (1:8)

"El séptimo día, alegre por el vino..." (1:10a)

Es bajo su borrachera, que decide exponer a la reina delante de todos, como si ella fuera un objeto más para presumir de su poder.

"que trajeran a su presencia a la reina Vasti, luciendo la corona real, para que el pueblo y los principales del reino pudieran admirar la belleza de la reina, pues era realmente hermosa." (10:11)

Cuando veo escenas donde las mujeres son tratadas como un objeto, siempre viene a mi mente Génesis 3:16, donde se nos recuerda que el enseñoreamiento del hombre sobre la mujer, es una consecuencia del pecado, y por tanto, como tal, algo que desaparece en el sueño de Dios de restaurar todo lo que el pecado ha estropeado.

En un entorno donde el hombre ostenta el máximo poder, y donde la mujer debe someterse a sus deseos caprichosos como símbolo de honra, la reina Vasti lleva a cabo un desafío que pone la historia patas arriba:

"Pero cuando los eunucos comunicaron a la reina Vasti la orden del rey, esta se negó a ir. El rey se enfureció muchísimo, montó en cólera," (1:12)

Estaba pensando en cuantas acciones como estas, han servido para sacar a relucir lo que se esconde en el corazón caído del ser humano. Pensaba, por ejemplo, en los afroamericanos que decidieron no ceder sus asientos en el transporte público a los blancos, como una manera de reivindicar la igualdad de todos los seres humanos ¡Cuántas personas se enfadaron por esto y lo vieron como un desafío peligroso! ¡Cuántos cristianos, desaprobaron esta acción como inapropiada y poco amable para cambiar las cosas! Y tristemente, que pocos, son capaces de ver estas acciones como una llamada de atención para ver lo que realmente nos debería escandalizar y horrorizar.

A menudo estas historias, las vemos distantes en el tiempo, y solemos pensar que esto está superado. Sin embargo, sospecho que el Espíritu Santo quiere hacerme consciente que mi corazón a veces es más parecido al del rey Asuero del que me imagino. Solo debo observarme como reacciono, cuando mi mujer dice no, a lo que yo en algún momento deseo fervientemente. Es ahí, cuando Vasti entra en acción, y el corazón de Asuero sale a relucir.

Asuero sacó todo su poder, para demostrarle a Vasti, que lo que su respuesta era inapropiada:

"Y a partir de hoy, cuando las mujeres de la nobleza de Persia y Media se enteren de la conducta de la reina, responderán a los oficiales del rey del mismo modo; les faltarán al respeto y habrá problemas. Por lo tanto, si le parece bien al rey, promulgue con carácter irrevocable un decreto real que se inscriba en la legislación de persas y medos en estos términos: “La reina Vasti no podrá presentarse nunca más ante el rey Asuero. Su título de reina se conferirá a otra mujer más digna que ella”" (1:18-19)

Asuero, no respetó la respuesta de Vasti, no empatizó con sus razones, no revisó sus motivaciones para ver si eran correctas y/o adecuadas, solo le preocupó que esta no le obedeciera, que su poder fuera cuestionado y no estaba dispuesto a permitir este movimiento tan brusco en las posiciones de poder que representaban el estatus quo del momento. El rey Asuero no se planteó, como muchos no nos planteamos hoy, que ciertas situaciones aceptadas socialmente y políticamente durante siglos y siglos, deshonran a las personas, las colocan en un lugar desigual, en este caso, por razones de sexo.

No tengo dudas, de que en el Reino de Dios, a diferencia que en Persia y en nuestro mundo, el sometimiento entre los seres humanos no depende del género. "Someteos los unos a los otros" es una invitación que encontramos a menudo en el Nuevo Testamento para una iglesia que debe integar el principio de que en Dios no hay distinción entre judios o gentiles, esclavos o libres, hombres o mujeres. De ahí que el sometimiento, solo se entienda como un acto voluntario desde el amor y no se impone.

Pero si tengo dudas, de que tras tantos siglos y siglos donde el hombre se ha enseñoreado de la mujer, seamos capaces de reconocer que esta "mochila machista" aun nos acompaña y está entre nosotros. De ahí, que sospeche que aun necesitemos de Vastis, a quienes más que reprocharles que no están haciendo las cosas como deberían, como el estatus quo demanda, aun como mi interpretación bíblica plantea... más bien deberíamos agradecerles que saquen a relucir el Asuero que llevamos dentro y que pongan patas arriba un sistema que mantiene a salvo lo que solo es consecuencia del pecado.

Ante las horrendas injusticias de nuestro entorno, aun tan patriarcal y machista, criticar la rebeldía de Vasti puede ser una buena estrategia para mantener en el poder al Asuero que llevamos dentro.

¿Estamos dispuestos a reconocer a la luz de la historía bíblia y extrabíblica, pasada y presente, quienes han recibido la "sartén por el mango" y quienes han permanecido y permanecen en constante desigüaldad de oportunidades? ¿Vamos a despreciar las actitudes activistas de las mujeres para esconder la situación que verdaderamente es horrible y alarmante?

¿Por qué me cuesta tanto reconocer como hombre que quizás llevo un Asuero dentro de mi? ¿Qué beneficios puede aportarme como hombre mirar responsablemente el Asuero que llevo dentro?



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