martes, 9 de junio de 2020

Recordemos que el libro de Hebreos se abre con una declaración crucial. Dios en otro tiempo nos habló por medio de los profetas, en estos días nos habla por medio de su Hijo, quien a la vez es la imagen misma de Dios:

"Él, que es el resplandor de su gloria, la imagen misma de su sustancia" (1:3a)

Bajo esta crucial declaración, los capítulos uno y dos elevaron a Jesús por encima de los ángeles, y ahora los capítulos tres y cuatro lo van a elevar por encima de Moisés:

"Pero Jesús se ha hecho acreedor a una gloria más excelsa que la de Moisés, por cuanto al constructor de una casa le corresponde un honor mayor que a la casa construida." (3:3)

Moisés guió al pueblo de Israel en el camino desde la tierra en que fueron oprimidos a la tierra en la que vivirían en reposo. Moisés construyó el tabernáculo donde el pueblo pudo encontrarse con Dios. Jesús es el que nos abre el camino y nos guía hacía una nueva creación, es más, en él hoy tenemos acceso libre a la misma presencia de Dios.

Pero el anónimo autor de Hebreos, también quiere que tengamos en cuenta que muchos no entraron en la tierra prometida, y no disfrutaron del reposo que Dios quería ofrecerles. Todo ello, debido a que endurecieron sus corazones y fueron rebeldes:

"no cerréis a cal y canto el corazón,
como hicieron los que se rebelaron
en el desierto el día de la prueba.
Allí fue donde vuestros antepasados
intentaron ponerme a prueba
a pesar de haber experimentado mis maravillas...
...No entrarán, pues, en mi descanso,
tal como lo juré lleno de enojo" 
(3:8-9, 11)

Es muy probable, que quienes recibieron esta carta se encontraban tentados a abandonar la fe tras sufrir persecución y sufrimiento (10:32-34). El autor de Hebreos quiere animarlos a que no lo hagan, exhortándoles a permanecer fieles y a no repetir la historia del pasado. 

"Procurad, hermanos, que ninguno de vosotros tenga un corazón incrédulo y perverso que lo aparte del Dios viviente. Más bien exhortaos unos a otros día tras día mientras dura ese “hoy”, para que la seducción del pecado no endurezca vuestras conciencias." (3:12-13)

La exhortación, también es útil para nuestros días, donde vivir en un mundo que no tiene en cuenta a Dios, es como el experimento de la rana que está en una olla que empieza a calentarse poco a poco hasta hervir, matándola sin que ella se percate de ello. De esa misma manera, nuestros corazones pueden endurecerse casi sin darnos cuenta, tan solo por ir viviendo cada día desde el egoismo que nos aparta del Camino del Maestro.  De ahí que"exhortaos unos a otros día tras día" nos recuerda de la importancia de vivir en comunidad para poder alcanzar retos que son imposibles desde el individualismo y evitar el ignorar la frialdad espiritual que acaba con nuestra vida de fe. 

Considerar el Camino de Jesús implica la esperanza de una nueva creación y de un nuevo reino, el cual sin estar plenamente establecido hoy, si está ya entre nosotros y nos posibilita una manera armoniosa de relacionarnos con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con el resto de la creación. Perder esta visión, tan solo facilitará el que contribuyamos a todo lo que rompe nuestra relación con la Vida, por lo que examinarnos y exhortarnos unos a otros nos da una manera práctica de contribuir a una fe viva y dinámica. 

Reconozco la incomodidad de señalar y considerar la posibilidad de que en mi vida haya incredulidad, desobediencia y dureza de corazón, pero a la vez, reconozco la advertencia como un buen antídoto para le negligencia y pereza espiritual:

"La promesa de entrar en el descanso ofrecido por Dios sigue en pie. Pero es preciso estar muy alerta, no sea que alguno de vosotros pierda la ocasión de entrar. Porque la buena noticia nos ha sido anunciada tanto a nosotros como a ellos; sólo que a ellos de nada les sirvió haberla oído al no estar unidos mediante la fe a quienes la escucharon. Nosotros, en cambio, los que hemos creído, podemos entrar en ese descanso..." (4:1-3a)

Jesús es la palabra viva y eficaz que nos da una misión clara en este mundo roto como agentes de restauración y una visión individual y comunitaria para cumplir con dicha misión. La "palabra de Dios" es la voz viva de Dios en el evangelio que hace claro el camino que debemos andar.

"En efecto, la palabra de Dios es fuente de vida y de eficacia; es más cortante que espada de dos filos y penetra hasta dividir lo que el ser humano tiene de más íntimo, hasta llegar a lo más profundo de su ser, poniendo al descubierto los más secretos pensamientos e intenciones. Ninguna criatura se le oculta a Dios; todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel ante quien debemos rendir cuentas." (4:12-13)

Algunos interpretan aquí "la palabra de Dios" como "la palabra escrita", sin embargo, creo que las dos interpretaciones más que contradecirse, pueden complementarse. La cuestión, es que en medio de nuestra negligencia y pereza espiritual, Dios puede hablarnos de muchas maneras, frecuentemente a través de la vida en comunidad centrada en Jesús y a través de la Biblia. Ambas manera, con la actitud adecuada, pueden ser útiles para sacar a la luz todo lo que estorba a la fe.

La vida de fe incluye la contemplación, donde a nivel individual y en comunidad, nos disponemos a escuchar la voz de Dios en un camino introspectivo, escuchando las señales en nuestro interior que nos alertan de que algo pasa, y escuchando la viva palabra de Dios que lo señala y nos muestra que hacer con ello. Es así como frecuentemente experimentaremos que la palabra de Dios es fuente de vida y eficacia, más cortante que una espada y como penetra hasta lo más profundo. 

¿De qué manera la comunidad y la Biblia pueden ayudarme a identificar las barreras que deben caer en mi vida espiritual? ¿Hay alguna señal o algún elemento en mi vida que me señala apatía o dureza espiritual en mi vida? ¿Cuáles son las diferentes maneras en la que la viva palabra de Dios viene a mi vida para examinarme y transformarme?




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