lunes, 28 de septiembre de 2020

Me adentro en uno de los grandes libros de la sabiduría de la Biblia, el libro de Eclesiastés. Si bien, el libro de Proverbios mira que estilo de vida debemos adoptar para una vida provechosa, Eclesiastés se coloca en una perspectiva más deprimente. El "predicador", al que algunos identifican como al rey Salomón por como el escritor lo identifica en 1:1  va a exponer reflexiones sobre su experiencia,  relacionada con una vida llena de sabiduría y riquezas, pero que sin embargo, no le ha garantizado la plenitud que parece perseguir. Además de las reflexiones del "predicador", hay otro personaje que toma una actitud de narrar los argumentos del sabio (2:2), lo cual abre la posibilidad a varias teorías sobre la autoría del escrito. Este personaje expone los argumentos de "Cohélet" o "el predicador", tal como traduce otras traducciones:

"¡Pura ilusión—dice Cohélet— ¡Pura ilusión! ¡Todo es ilusión!" (1:2)

Cohélet, sobre la sabiduría adquirida expone:

"Me decía interiormente: he ampliado y aumentado la sabiduría en relación con todos mis predecesores en Jerusalén y he adquirido sabiduría y ciencia extraordinarias. Me he aplicado a distinguir sabiduría y ciencia de lo que es locura y estupidez, y he comprendido que también eso era vano afán, pues a mayor sabiduría, mayor tormento; y a más ciencia, más dolor." (1:16-18)

Y ante las riquezas y placeres adquiridos dice:

"Prosperé y superé a todos mis predecesores en Jerusalén, mientras la sabiduría me asistía. No negué a mis ojos nada de cuanto deseaban, ni me privé de alegría alguna, pues disfrutaba de todos mis afanes, y esa era la recompensa de todas mis fatigas. Entonces reflexioné sobre todas mis obras y sobre la fatiga que me habían costado, y concluí que todo era ilusión y vano afán, pues no se saca ninguna ganancia bajo el sol." (2:9-11)

Parece que la clave para entender el discurso la encontramos en la frase: "debajo del Sol":

"He observado todo cuanto se hace bajo el sol: todo es pura ilusión y vano afán" (1:14)

"Bajo el Sol" es similar a "sin tener en cuenta a Dios", es una mirada a observar el mundo sacando de la ecuación al Creador y nuestra relación con él. En ese sentido, el libro de Eclesiatés se convierte en un destructor de "ídolos", pues si bien no hace referencia, como otros libros bíblicos a "dioses paganos", si nos muestra lo absurdo de buscar nuestro sentido y significado en cualquier aspecto de la vida que no sea Dios mismo.

Lo interesante, es que los aspectos a los que Cóhelet se refiere, bien pueden ser regalos divinos, como en el caso de la sabiduría y las riquezas. Por lo que el libro está apuntando en realidad a un aspecto más profundo de nuestro corazón: las motivaciones internas de como nos relacionamos con dichos aspectos de la vida.

La sabiduría, la riqueza y el placer, nos dejarán insatisfechos si están ocupando el lugar que le pertenece solo a Dios. Son "vanidad de vanidades". La palabra que traducimos por vanidad del original es "hevel" que significa humo y vapor. Así como es imposible atrapar el viento, para el predicador es imposible encontrar la plenitud en todo aquello, que por legítimos que parezca, está sustituyendo a Dios en nuestra vida, pues tales cosas son efímeras, pasajeras y como tal, no son una buena garantía. 

"He observado todo cuanto se hace bajo el sol: todo es pura ilusión y vano afán." (1:14)

El pensar que lo que estás disfrutando desaparecerá y no permanecerá, es un nivel de consciencia que puede llegar a angustiarnos:

"Y entonces me dije: si el destino del necio será mi destino, ¿de qué me sirve haber sido más sabio? Y pensé que también esto era ilusión, pues no quedará memoria duradera ni del sabio ni del necio; en los años venideros ya todo estará olvidado. ¿Acaso no muere el sabio igual que el necio?
Llegué a odiar la vida, pues me disgustaba cuanto se hacía bajo el sol. Porque todo es pura ilusión y vano afán." (2:15-17)

Ante tales argumentos, solo encuentra cierto alivio en el "carpe diem", es decir, en disfrutar el momento presente, lo cual ve como un regalo de Dios:

"No hay para el ser humano más felicidad que comer, beber y disfrutar de su trabajo, pues he descubierto que también esto es don de Dios," (2:24)

No tengo ninguna duda, que el disfrutar de la vida es un regalo de Dios, es más, estoy convencido de que Dios se alegra de vernos disfrutar, así como nosotros nos alegramos de ver disfrutar a nuestros hijos y seres queridos. 

Recuerdo la frustración de mi hija pequeña, cuando tomaba consciencia de que el tiempo de juego con sus amigas en el parque estaba llegando a su fin. Ante dicha consciencia, mi hija dejaba de disfrutar y empezaba a preocuparse por los pocos minutos que le quedaban y por el hecho de que en breve volvería a casa para retomar rutinas no tan divertidas. Nos verbalizaba que quería más tiempo  para continuar jugando con su amiga y aunque le decíamos que aun quedaba un poco más de tiempo y le animábamos a aprovecharlo, su frustración no le permitía mantener el nivel de alegría con el que empezó. 

Toda esta reflexión, nos coloca en esa búsqueda de plenitud en la que nos encontramos los seres humanos y nos lleva a plantearnos un motivo más profundo y permanente para experimentar plena satisfacción. Si lo que da sentido a nuestra vida es algo que se desvanece como el humo, nuestro gozo depende de circunstancias que no siempre podemos controlar. Pero... ¿y si el motivo principal de gozo y paz en nuestra vida no son los regalos de Dios sino Dios mismo?

Dios está con nosotros todos los días de nuestra vida, en medio de los valles más oscuros y los prados más verdes, es más, nos acompaña en este mundo y en el que está por venir. Es por ello, que al alzar nuestra mirada más allá que por "debajo del sol", se nos abre una nueva cosmovisión para la realidad humana. 

Teresa de Ávila llegó a decir "quien a Dios tiene, nada le falta, tu Señor eres suficiente para mi". 

¿De qué manera podemos abrir nuestra consciencia no solo a los regalos de Dios, sino a Dios como el mejor regalo? ¿Qué cosas que Dios te ofrece se han convertido en ídolos en tu vida? ¿Qué prácticas espirituales te ayudan a tener a Dios en el centro de tu corazón y todo lo demás en el lugar que le corresponde? 

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