sábado, 10 de octubre de 2020

En la porción que me adentro hoy, aunque es difícil delimitarla, si hay un interés marcado por el hecho de que la muerte nos alcanza finalmente a todos. El predicador vuelve a nombrar motivos de "mínima felicidad", como el tener muchos hijos, lo cuál se consideraba una gran bendición en la época, pero que solo se convierte en una pequeña distracción para olvidarnos que finalmente se acabará y la muerte llegará, sin importar si somos sabios o necios, ricos o pobres:

"Y aunque hubiera vivido dos mil años, si no disfrutó de felicidad, ¿no van todos al mismo sitio?" (6:6)

Encuentro una aportación muy valiosa en el capítulo siete, dónde sus reflexiones nos invitan a no ignorar los aspectos más difíciles de la vida, sino a considerarlos y meditar en ellos ¿Pueden las crisis, las muertes y el sufrimiento ser útiles para nuestras vidas? ¿Hay posibilidad de que tales hechos no deseados, acaben convirtiéndose en oportunidades importantes para nuestra transformación personal? Sin ignorar que hay situaciones en la vida que no entenderemos y que nos parecerán sin sentido (al igual que le sucedió a Job), el sufrimiento no es algo que Dios desperdicia y eso lo convierte en una gran oportunidad y fuerza en los procesos de transformación.

"Más vale buen nombre que buen perfume, y el día de la muerte más que el día del nacimiento. Mejor ir a un duelo que a una fiesta, porque en duelo acaba toda vida humana, y el que aún vive debe tenerlo en cuenta. Más vale pena que risa, pues tras un cara triste hay un corazón feliz. Los sabios piensan en la muerte, los necios en la diversión." (7:1-4)

Alguien me dijo una vez, que vivimos mejor cuanto más conscientes somos de la muerte, y creo que tiene mucho sentido. No puedo ignorar, que las grandes crisis en mi vida, han sido los momentos más importantes de cambio y transformación. Ignorar la posibilidad de la muerte y el sufrimiento, a menudo nos deja estancado en una fe infantil y poco profunda y en un estilo de vida incapaz de mirar y abrazar la realidad. 

Cuando nuestra fe no es madura, es normal que la vivamos desde la superstición. Escribo esta reflexión en medio de una pandemia mundial y llama mi atención la gran cantidad de personas a mi alrededor que tratan de minimizar lo que está ocurriendo en base a teorías negacionistas, o los que se aferran a la idea de que a ellos no les alcanzará ningún mal porque Dios ha prometido protegerles.


Si hay algo que la Biblia y la historia nos enseña, es que Dios no ha prometido que nos va a librar de todos los efectos secundarios negativos de este mundo roto. Si, ha prometido estar con nosotros siempre, aun en los valles de sombra de muerte, pero a Juan el Bautista le cortaron la cabeza, a Esteban lo apedrearon, mi madre, una mujer de oración, fe y misericordia falleció de cáncer a sus 65 años y en estos días, personas de fe a las que conozco y admiro han estado en la UCI por el COVID-19 y sabemos de algunos que han perdido la vida por esta misma enfermedad. 

Pensar que tales cosas no me pueden pasar a mí, nunca me va a permitir entender que la promesa, el regalo, la gracia y la vida eterna, es Dios mismo. Hay una relación profunda con este Dios que es Amor, que nos libera, nos sostiene y nos da paz aun en los momentos más difíciles y duros de la vida. Este es un tema que solo se entiende o quizás mejor decir, se sostiene, desde una espiritualidad profunda que es capaz de mirar a los ojos a los aspectos más oscuros y duros de la vida. 

"He visto de todo en mis días ilusos: gente honrada que perece en su honradez y gente mala que perdura en su maldad." (7:15)

Aun con toda esta reflexión, el discurso sigue sin perder de vista esos momentos en la vida que están alumbrados por la bendición y el placer, y el consejo es saber movernos en la oscuridad y en la luz:

"En día de felicidad, sé feliz; en día de adversidad, reflexiona; uno y otro los ha hecho Dios para que nadie descubra su futuro." (7:14)

¿Acaso no viviremos más felices cuando esos monstruos que nos retienen inconscientemente son detectados, desafiados y enfrentados? El predicador no ignora las injusticias que le rodean y la muerte de la que no escapará y parece que al hacerlo no le roba el saber disfrutar de la vida como un don de Dios:

"Así que yo recomiendo la alegría, porque no hay más felicidad para el ser humano bajo el sol que comer, beber y disfrutar, pues eso le acompañará en sus fatigas durante los días que Dios le conceda vivir bajo el sol." (8:15)

Y ello, a pesar de que sigue el predicador recordándonos, con un ritmo insistente, que la vida es humo y se nos escapa:

"Esto es lo malo de todo lo que sucede bajo el sol: que un mismo destino aguarda a todos." (9:3a)

Esa realidad sombría, esas crisis a nuestro alrededor, esas injusticias que a veces nos alcanzan, no permanecerán para siempre. Desde nuestra perspectiva como discípulos de Jesús, podemos afirmar que el sufrimiento, el dolor y las injusticias morirán y no resucitarán. Desde esa perspectiva, también vemos la celebración en este mundo frágil, como un adelanto de la resurrección y el establecimiento pleno del Reino de Dios.

Podemos entender las palabras del predicador si reconocemos que solo está mirando "debajo del Sol", y podemos mirar y ver de manera diferente sus palabras, si observamos lo mismo con una mirada "más allá del Sol". La mirada "más allá del Sol", es la que tiene en cuenta a Dios, sus promesas y el establecimiento final de su Reino, y con esa mirada podemos acercarnos no solo a la muerte y al sufrimiento, sino al consejo del predicador como un anticipo de lo que un día será eterno: 

"Anda, come con alegría tu pan y bebe contento tu vino, porque Dios ya ha aprobado tus obras. Ponte en todo momento vestidos blancos y que no falte perfume en tu cabeza. Disfruta de la vida con la mujer amada durante esta efímera existencia que se te ha dado bajo el sol, porque esa es tu recompensa en la vida y en las fatigas que pasas bajo el sol. Todo lo que esté a tu alcance, hazlo con todas tus fuerzas, pues no hay actividad, ni razón, ni ciencia, ni sabiduría en el reino de los muertos adonde te encaminas."
(9:7-10)

¿De qué manera las injusticias, dificultades y brevedad de la vida me ayudan a vivir mejor el presente? ¿Qué perspectiva nueva añade la resurrección cristiana al discurso del Predicador? 


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