sábado, 7 de noviembre de 2020

COMO UNA MADRE (1ª TESALONICENSES 2-3)

En esta porción de la carta, se nos muestra principios básicos de la comunión cristiana y del acompañamiento espiritual. La misión de Pablo en Tesalónica, no parece que se basó en crear estructuras eclesiales complejas basadas en eventos sino que la predicación clara del evangelio vino acompañada de una aplicación radical y tierna en el ámbito de las relaciones personales: 

"Antes bien, nos portamos con ternura entre vosotros, como cuida una madre con amor a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, porque habéis llegado a sernos muy queridos." (2:7-8)

Tristemente, el entendimiento de la misión en nuestro occidente, a menudo ha enfatizado como fundamento, el establecimiento de una estructura económica que mantenga el ministerio. Pablo, sin embargo, se responsabilizó de su sostén económico personal para demostrar que el no ser gravoso económicamente con aquellos a los que sirves, puede ser una parte muy práctica de vivir y enseñar el evangelio:

"Os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo, trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios." (2:9)

El modelo de Pablo, pone patas arriba nuestra mentalidad cristiana capitalista y empresarial, la cual coloca a la economía como uno de los elementos básicos que la comunidad debe enfrentar para mostrar su amor. 

Pablo, sin embargo, manifiesta el amor no responsabilizando a la comunidad de la cuestión económica necesaria para su ministerio. La mentalidad de Pablo hoy nos cuesta entenderla y aun percibirla en el contexto bíblico, ya que interpretamos sus cartas desde nuestras gafas occidentales. De ahí, que muchos usen para justificar la práctica de ofrendas regulares, palabras que el apóstol usó con motivos muy diferentes. Por ejemplo, cuando Pablo dice a los Corintios:

"Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas." (1ª Corintios 16:2)

Algunos ignoran que Pablo se dedicó durante un tiempo concreto a llevar dinero a los pobres, y que al dinero y a la práctica a la que se refiere no es, ni para mantener su ministerio, ni para mantener estructuras eclesiales, sino para ayudar a hermanos que estaban pasando por un tiempo de necesidad.

La perspectiva misionera de Pablo, nos deja con el elemento básico de una predicación del evangelio basada en un amor radical entrañable y tierno, y pone en evidencia la idea de que la misión solo se podría llevar a cabo bajo agencias que gestionen bien el uso de capital. Pablo no las necesitó, y sin querer yo despreciar la buena labor que muchas de estas agencias misioneras hacen hoy, si me atrevo a decir, que limitar nuestra perspectiva misionera al uso de las mismas, es perder de vista el carácter más orgánico y sencillo que nos provee el relato bíblico. Sospecho, que necesitamos creatividad para desprendernos de nuestras gafas empresariales y que ello podría desatar una mayor accesibilidad y multiplicación del ministerio apostólico de la iglesia en nuestros días y en nuestros entornos naturales. 

El amor y acompañamiento de Pablo, no solo desafía nuestra mentalidad capitalista, sino que además desafía nuestra perspectiva territorial en el ministerio. Pablo acompañó a la comunidad de Tesalónica, en un momento histórico donde los medios de comunicación que hoy conocemos le sonaría a ellos a pura magia. Sin teléfonos, sin internet y sin Whatsapp, Pablo procuraba seguir informado de como la iglesia en Tesalónica avanzaban en su fe y amor, se preocupaba por la persecución que sufrían, oraba por ellos, les enviaba cartas y cuando el mismo no podía viajar, enviaba a algún hermano de confianza para obtener la información. 

"Por eso también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, pues temía que os hubiera tentado el tentador y que nuestro trabajo hubiera resultado en vano." (3:5)

Podemos dedicar hoy mucho tiempo, dinero y energía para asistir a programas y eventos y colaborar en proyectos, y a la vez, no adentrarnos en relaciones significativas de amor como las que Pablo experimentó, donde podamos decir que hemos sido como una madre con sus hijos y que estamos dispuestos a dar nuestra vida por alguien. 

La porción de hoy, me anima a revisar seriamente donde se van mis esfuerzos y energía, me lleva a pensar quienes son los nombres de las personas a las que le dedico mi interés, mi tiempo y mi apoyo, me pregunto quienes son aquellas personas por las que estoy dispuesto a dar mi vida y aun mostrarle atención cuando la barrera de la distancia se pone entre nosotros. Si este tipo de relaciones genuinas y profundas no son las que consolidan la experiencia de comunidad cristiana ¿cuáles son los elementos que se llevan la energía cuando tratamos de consolidad nuestra vida en comunidad? 


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