jueves, 21 de enero de 2021

Hoy me adentro en el capítulo 17 de 1ª de Reyes, donde entra en escena el profeta Elias.

Hasta aquí, el relato nos ha ido mostrando cómo los reyes decidieron vivir, la gran mayoría sin tener en cuenta los caminos de Dios, sin embargo, la entrada en escena de Elias, nos muestra una nueva esperanza para el pueblo. Elias viene a alterar el status quo del desorden de los reyes, concretamente aquí, le vemos anunciando una sequía al rey Acab, para posteriormente esconderse en el arroyo de Querit, donde el profeta es alimentado de manera milagrosa por cuervos. 

"Allí podrás beber agua del arroyo y, además, he ordenado a los cuervos que te lleven comida." (17:4)

Después Dios lo dirige hacía Sarepta, donde una viuda pobre con su hijo le da de comer y lo aloja. Esta viuda comprueba como Dios provee para su casa aceite y harina de manera milagrosa. El hijo de esta mujer fallece, y sin embargo, Elias clama a Dios y resucita.

"La mujer fue a hacer lo que le dijo Elías y pudieron comer él, ella y su familia durante mucho tiempo." (17:15)

En mi comunidad cristiana, algunos estamos practicando algunas disciplinas espirituales, algunas de ellas relacionadas con la vida contemplativa. La quietud y el silencio están tomando mas lugar en nuestras vidas. Quizás por ello llama mi atención que Dios envíe a Elías desde la ciudad, donde se experimentaba la provisión de los reyes, a un lugar perdido junto a un arroyo. 

Allí, donde uno no espera encontrar provisión, Elías es alimentado. Y después lo envía a una ciudad fenicia junto a una viuda, también fuera de los centros geográficos donde las historias se estaban relatando, encontrando nuevamente sustento.

Viene a mi mente como Moisés antes de ser llamado por Dios huyó a cuidar ovejas fuera de la ciudad, y como después también experimentó el desierto. También puedo pensar en cómo el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto antes de su ministerio público.

¿Cuál es ese lugar donde vivo al que no suelo ir? ¿Qué pasaría si me adentro en él en algún momento para comprobar el silencio, la quietud, o personas que a menudo pasan desapercibida en la sociedad?

Sospecho que así como Moisés, Elías y Jesús experimentaron la presencia y provisión de Dios en el desierto, este sigue siendo un lugar donde Dios quiere llevarnos para que escuchemos lo que quizás no estamos escuchando, o quizás para ver lo que quizás no estamos viendo. El desierto nos coloca en otro punto de vista, y abre nuestros sentidos ante otras realidades que a veces ignoramos.

En un mundo lleno de estímulos, que nos empuja a un ritmo desenfrenado, la soledad que ofrece el desierto puede convertirse en un espacio muy importante donde experimentar la presencia, provisión y guía de Dios.

¿Qué puede impedir que la soledad forme parte de mi vida bajo un ritmo regular? ¿He experimentado la presencia de Dios fuera de mi zona de confort?

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