domingo, 10 de enero de 2021

Al adentrarme en los capítulos 8 y 9 de 1ª de Reyes me encuentro con la finalización de las obras de Salomón. El rey traslada el arca al templo, dedica el lugar con una oración y no faltan los sacrificios y la fiesta. Además, Dios aparece a Salomón y hace pacto con él, recordándole como debe vivir y las consecuencias de adorar a otros dioses.

Lo que ha llamado esta vez mi atención, son las siguientes palabras de Salomón durante la dedicación del Templo: 

"Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (8:27)

Salomón manifiesta su asombro, de que un Dios al que los cielos no pueden contener, pueda hacer su morada en un edificio hecho por los hombres, a la vez se anima con la idea de que muchos visiten el Templo y conozcan a Jehová, aun extranjeros.

Pensaba al acercarme a este pasaje en la realidad que se expresa en el libro de Hechos: 

"El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay , puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres" (Hechos 17:24), 

Dios ha escogido que su pueblo sea su templo, el lugar donde el habita y a través del cual se da a conocer.

¿Cómo es mi relación con el Dios inmanente? ¿Qué implica que yo sea el Templo de Dios?

Con razón algunos cristianos en el pasado hablaron del camino interior, ese por el cuál aprendemos a acallar nuestras mentes con el fin de escuchar en nosotros la voz del amado. Sin embargo, la idea de que Dios está "allí arriba" solamente, o en la capilla donde la iglesia se reúne, aun sigue haciendo sombra a la realidad de Enmanuel; Dios con nosotros, viniendo no solo a nuestro mundo roto, sino también a hacer morada en nuestras vidas para manifestarse a través de las mismas.

Si Salomón se asombró y animó a involucrar a todo el pueblo con la idea de que Dios habita en un Templo edificado por él  ¿Cuánto no debemos nosotros asombrarnos y animarnos hoy con la realidad de que Dios vive en nosotros y se da a conocer a través de nosotros? 

Me pregunto si ser más consciente de este misterio asombroso, no nos llevaría a esforzarnos menos por llevar personas a "la iglesia" y nos involucraría en llevar la iglesia a las personas. Pues el Templo de Dios es el mismo Cuerpo de Cristo y tiene piernas, brazos y boca, y sigue anhelando mostrar su glorioso amor a este mundo roto.

¿Puedo mirar mis pies y mis manos y ver los pies y manos de Jesús? Si es así, es tiempo de hacer función de Templo y permitir que otros conozcan su gloria. Es tiempo del asombro que me impulsa a la acción. 


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