sábado, 9 de enero de 2021

RECONOCER MIS LIMITACIONES (1ª REYES 3-7)

Estos días he escuchado en dos ocasiones los capítulos del 3 al 7 de 1ª de Reyes mientras conducía al trabajo. En ellos se nos narra cómo Salomón tiene un sueño donde recibe de parte de Dios la oportunidad de pedir lo que desee, y solicita sabiduría para su responsabilidad de rey (3:9). Dios se agrada de su petición, y además de darle sabiduría le da también riquezas.

"Por la noche el Señor se apareció allí en sueños a Salomón y le dijo: — Pídeme lo que quieras." (3:5)

"...aunque soy muy joven e inexperto. Tu siervo vive en medio del pueblo que elegiste, un pueblo tan numeroso, que no se puede contar ni calcular. Dale a tu siervo un corazón atento para gobernar a tu pueblo y para discernir entre el bien y el mal, pues ¿quién es capaz de gobernar a un pueblo tan importante como el tuyo?" (3:7b-9)

"te concedo lo que me has pedido: un corazón sabio y prudente, como nadie lo ha tenido antes de ti ni lo tendrá después. Y te concedo también lo que no has pedido: riquezas y fama tales como no las tendrá rey alguno mientras tú vivas." (3:12-13)

En el mismo capítulo 3 vemos a Salomón mostrando sabiduría para juzgar ante un caso práctico, en el capítulo 4 se nos dice que escribe proverbios, cantares y también sobre plantas y animales (4:32-34), en el capítulo 5 lo vemos pactando con Hiram para llevar a cabo construcciones importantes, en el capítulo 6 se nos narra la edificación del templo y en el 7 la construcción de otros edificios. 

El relato deja entrever aspectos oscuros de manera muy sutil. Por ejemplo, Salomón acumula caballos para sus carros de guerra, lo cual es nuestro sinónimo a que dedicó gran parte de la economía al armamento. 

"Salomón tenía doce mil caballos, y cuatro mil establos para los caballos de sus carros de combate." (4:26)

Recordemos que Dios siempre pidió a su pueblo que no confiara en carros y caballos (Deuteronomio 17:16, Salmo 20:7), es decir, que fueran diferentes al resto de las naciones. 

Por otro lado, construyó el templo del Dios que libró a su pueblo de los trabajos forzados de Egipto con trabajo forzado. Lo cual es una manera de hablar de que fomentó la esclavitud:

"El rey Salomón impuso trabajo forzado y reclutó a treinta mil obreros de todo Israel." (5:13)

Estos aspectos sutiles del relato me hacen pensar que Dios no solo quiere librar a los pobres del Faraón, también quiere librarnos del Faraón que todos llevamos dentro. Tener en cuenta este aspecto más introspectivo en la lectura bíblica, me hace ver toda la injusticia fuera de mí con otra perspectiva, no olvidando que a veces lo que las personas influyentes realizan injustamente, es lo que mi propio corazón puede estar produciendo a escalas muy pequeñas, pues al fin y al cabo, la naturaleza del corazón caído del ser humano es un principio universal. A veces los gobernantes injustos están representando a gran escala muy bien al resto de los ciudadanos. Este tema me enfoca en la gran necesidad de que los grandes cambios en la humanidad han de empezar en lo profundo de mi propio corazón. 

Sin embargo, lo que llama mi atención es que Salomón, a pesar de que toma una posición de gran influencia y popularidad, también es capaz de reconocer ante Dios que es joven y no sabe cómo manejarse.

"»Ahora pues, Señor mi Dios, tú me has hecho rey en lugar de mi padre, David, pero soy como un niño pequeño que no sabe por dónde ir." (3:7)

Imagino que es esa aceptación y reconocimiento de su realidad y necesidad la que le lleva a pedir sabiduría para gobernar.

Si no reconocemos nuestra necesidad, no podemos pedir adecuadamente. Sin embargo, no siempre nos es fácil reconocer nuestras limitaciones. Con frecuencia me preocupa lo que los demás pensarán si reconozco que no me encuentro capacitado para algo, aun puedo engañarme a mi mismo pensando que los demás no ven mis limitaciones. Sin embargo, reconocer mis limitaciones me hace ser coherente con la verdad de lo que soy y me permite dejar de sostener incómodas "máscaras". Además, me permite pedir a Dios lo que realmente necesito y recibir su provisión y experimentar su gracia con agradecimiento.

En una sociedad basada en las apariencias y la imagen, mostrarnos vulnerables y reconocer nuestras limitaciones y puntos débiles implica ir contra corriente. Sin embargo, Dios se agrada cuando somos conscientes de nuestras limitaciones, pues es ahí justamente dónde nos exponemos a su provisión y su gracia actúa para que enfrentemos los desafíos cotidianos.

¿Qué me impide reconocer mis limitaciones? ¿Qué limitaciones detecto en mí? ¿Soy capaz de  hablar con Dios de ellas? ¿Soy capaz de hablar con alguna persona de confianza de mis puntos débiles? ¿Cómo podemos contribuir en nuestra comunidad cristiana a una cultura de vulnerabilidad ante Dios y ante los demás?



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