sábado, 6 de febrero de 2021

Los capítulos 2 y 3 de 2ª de Reyes nos dejan ver la relación entre Elias y su discípulo Eliseo, la manera espectacular en la que Elías deja este mundo y los primeros milagros que acompañan al ministerio de Eliseo.

Meditando en el pasaje, pienso en las relaciones de discipulado ¿Quien es mi Elias? ¿Quién es mi Eliseo? Pensaba en las palabras de Jesús "Id y haced discípulos" que con tanta frecuencia han sido sustituidas, en el mejor de los casos, por simplemente compartir el evangelio, y en el peor de los casos, por una domesticación en la que enseñamos a las personas a manejarse dentro de unas complejas estructuras eclesiológicas modernas.

Elias y Eliseo caminaban juntos. Eliseo podía ver el ministerio de su maestro, conocía la manera en la que el Espíritu de Dios se manifestaba en él y a través de él. Cuando Elias dijo a su discípulo "pide lo que quieras que haga por ti", Eliseo contestó:

"Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mi" (2:10)

Eliseo con respecto a Elías vivió entre reyes diferentes, anduvo caminos diferentes, enfrentó circunstancias diferentes... pero respondió con el mismo espíritu que Elias. Lo que recibió no fue una profesión monótona, sino una vida llena de aventura bajo la guía del Espíritu de Dios, afectando la corte de los reyes y la vida de los humildes que encontró en su camino.

¿Qué es lo que tengo para ofrecer a mis discípulos? ¿Qué es lo que ellos esperan de mí?

A veces, el legado ministerial más preciado de nuestro tiempo se reduce a posiciones de liderazgo detrás de un púlpito, donde tenemos el privilegio de hablar a una audiencia regularmente y poco tiene que ver con vivir nuestra fe en la vida cotidiana. No trato de menospreciar esta realidad, entiendo el valor que tiene en muchos contextos, la responsabilidad que conlleva y también he presenciado el poder de Dios a través de hermanos qué ejercen dicho ejercicio. Pero estoy hablando de la vida dinámica en el Espíritu, esa que va más allá de un evento, de una hora y un día a la semana.

Sospecho que para ese tipo de legado, necesitamos recuperar el tipo de discipulado donde el experimentado anda con el aprendiz en el contexto de la vida cotidiana, así como nos enseña Elias y Eliseo y cientos de años después, Jesús y sus discípulos.


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