miércoles, 12 de mayo de 2021

Empiezo a leer en pequeñas partes la carta de Pablo a los Colosenses, tras haberla escuchada completa varias veces en los últimos días. 
En los versículos que leo hoy encuentro ideas impopulares.

Por un lado, Pablo habla de que los Colosenses han conocido por medio del mensaje evangélico la palabra verdadera.

"Os anima a ello la esperanza del premio que tenéis reservado en el cielo y que habéis conocido por medio del mensaje evangélico que es palabra verdadera." (1:5)

La idea de una verdad fundamental, es un concepto difícil de encajar en nuestros días, por un lado, muchos exponen que podemos conocer a Dios por diferentes medios, y por otro lado, lo que conocemos de él se asienta en una experiencia personal. Esto hace que las palabras del apóstol puedan sonar extrañas en nuestros días. La verdad está en Dios, y es cierto que nosotros accedemos a ella con gafas muy concretas que nos han sido entregadas en nuestro proceso de socialización, de ahí que nuestra teología sea siempre un elemento que debe ser revisado a la luz de la revelación divina. Pero ese acceso, parece que es muy valorado por Pablo. 

Por otro lado, Pablo habla de que hemos sido rescatados del poder de las tinieblas y trasladados al reino de su Hijo querido.

"Él es quien nos ha rescatado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido," (1:13)

¿No es esta idea un desafío en medio de una sociedad que supone que somos buenos? ¿Qué es esto de que estamos en tinieblas?

Ante todo ello, encuentro un punto no menos desafiante. Pablo expresa que los Colosenses recibieron este mensaje de verdad al tener noticias de la gracia de Dios y experimentarla de verdad.

"Un mensaje que ha llegado hasta vosotros y que sigue extendiéndose y dando fruto, tanto en el mundo entero como entre vosotros desde el día mismo en que tuvisteis noticia de la gracia de Dios y la experimentasteis de verdad." (1:6)

Todo apunta a que esta verdad no es solo información intelectual, sino experiencia transformadora. Esto si parece importante para un mundo cansado de dogmas que solo afectan discusiones y que no cambia lo profundo del corazón. Sin este tercer punto, los otros dos pueden sonarnos a palabras huecas. 

Ante estos puntos, me planteo lo siguiente:

He de aprender a comunicar de manera humilde (reconociendo mi limitación para ello) y también entendible, la verdad objetiva y personal de Dios en medio de una cultura que solo cree en verdades individuales subjetivas y relativas. Sin embargo, es interesante que cada individuo puede experimentar esta verdad, porque no solo es para procesarla intelectualmente sino también para vivirla. Esto es esperanzador para un mundo hambriento de experiencia y cansado de personas que dicen ser poseededores de la verdad.

Por otro lado, no puedo negar que aunque vivimos en una sociedad que no estamos dispuesto a reconocer que estamos en tinieblas, si hay hambre por un mundo mejor, un mundo más justo y ¿Acaso esto no es fruto de que experimentamos rupturas en nuestro interior, con el prójimo, y con el entorno? ¿Hay alguien que esté dispuesto a decir que no ha experimentado o experimenta las consecuencias de dichas rupturas?

El problema está entre nosotros, podemos cambiarle el nombre o acercarnos al mismo desde diferentes perspectivas y cosmovisiones, pero sigue ahí, no ha desaparecido, es experimentado por todo el mundo. Puedes señalarlo, llamarlo de maneras que sea más o menos adecuadas para que otros lo reconozcan, pero no puedo olvidar que la realidad que se experimenta está aquí: vivimos en un mundo roto y necesitado de amor.

¿Soy para este mundo lo que Pablo y Epafras fue para los Colosenses? Me refiero a un transmisor de la gracia que se proclama y experimenta desde nuestras vidas, de la verdad que lleva fruto y transforma comunidades.

Ante la lectura completa del libro, podemos darnos cuenta que el apóstol está dirigiéndose a personas que han sido transformadas a través del evangelio, pero a la vez, se encuentran expuestas a ideas politeistas y judaizantes que amenazan a que abandonen el lugar donde están siendo transformados. El interés del apóstol no es darles solo ideas intelectuales, con el fin de crear diálogos interesantes entre ellos o con la sociedad, está claro que desea que esta comunidad permanezca en un proceso de transformación de vida, y por eso el resto de la carta va a hacer mucho énfasis en la aplicación práctica de estas verdades en el contexto cotidiano de ellos.  

La carta de Pablo a los Colosenses empieza a desafiarme, pues hoy me siento invitado a evaluar mi fe en base a un mensaje transformador que "...ha llegado hasta vosotros y que sigue extendiéndose y dando fruto."

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