sábado, 15 de mayo de 2021

Pablo nos lleva al corazón del evangelio y al hacerlo nos encontramos con Cristo mismo. Dice Pablo:

 "Cristo es la imagen del Dios invisible" (v. 15)

Es decir, él es quien nos revela el carácter de Dios, sus propósitos, sus deseos. Lo hace en nuestra propia dimensión, en aquella que mejor entendemos. Por lo tanto, si deseamos conocer a Dios de la mejor manera, podemos mirar a Jesús. Si anhelamos lo que Dios tiene para nosotros podemos mirar a Jesús. Si tenemos dudas a la hora de interpretar sus acciones en el mundo o ciertos escritos bíblicos, podemos mirar a Jesús. Si nos preguntamos como debemos vivir la fe en Dios en nuestro entorno, podemos mirar a Jesús...

A través de Jesús hemos sido reconciliados con Dios (1:20 y 22), y esto nos lleva al siguiente punto: 

"Es necesario, sin embargo, que permanezcáis sólidamente firmes e inconmovibles en la fe y que no traicionéis la esperanza contenida en el mensaje evangélico que escuchasteis y que ha sido proclamado a todas las criaturas que se encuentran bajo el cielo." (1:23)

Los colosenses estaban expuestos a ideas que podían quitar la mirada del corazón del evangelio, esa es una de las razones por las que Pablo les escribe ¿Acaso no está esa tendencia entre nosotros? Pienso, por ejemplo, en lo fácil que es dejarnos llevar por el moralismo, es decir, confiar en nuestras propias fuerzas para ser transformados, o en otras palabras, tratar de salvarnos a nosotros mismos.

El mensaje hoy es claro, Dios nos ha reconciliado con él por medio de Cristo, sin embargo, "es necesario permanecer sólidamente firmes e inconmovibles en la fe".

¿De qué manera práctica lucho contra la tendencia a confiar en mi mismo para ser transformado? ¿Qué elementos me ayudan a permanecer anclado en la fe dinámica y viva de que Cristo es mi fuente de transformación y guía, es decir, mi Salvador, mi Maestro y mi Señor?

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