jueves, 27 de mayo de 2021

LA ORACIÓN Y EL CAMBIO (COLOSENSES 4)

Hoy finalizo mi meditación en la carta de Colosenses. Las últimas palabras de Pablo en este escrito me hacen pensar en la disciplina espiritual de la oración y cómo esta práctica nos lleva a estar enfocados en Dios. Dice Pablo: 

"Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual estoy preso" (4:2-3)

También en las salutaciones finales hay la siguiente referencia: 

"Saludos de Epafras, paisano vuestro y siervo de Cristo Jesús; es de ver con qué ahínco ruega por vosotros para que os mantengáis firmes en el pleno y perfecto cumplimiento de la voluntad de Dios" (4:12)

Durante un tiempo estuve aprendiendo de otros hermanos acerca de cómo oran en la calle por desconocidos. Fue muy emocionante y alentador escuchar y comprobar la disposición de Dios a responder estas oraciones de fe. Personas impactadas por la presencia de Dios la cual les traía paz, les quitaba algún dolor o aun les sanaba de alguna enfermedad. Además, también Dios hablando a sus hijos en esa actitud de oración y revelando lo que estas personas que están recibiendo oración están pasando o necesitan. Sin duda, una práctica espiritual arriesgada que la tradición carismática nos ofrece, pero a la vez una oportunidad de hacer realidad los relatos de los evangelios y Hechos en el s. XXI.

También me he adentrado en practicar una oración desde la tradición contemplativa, centrada en la realidad de la presencia de Dios en el presente y desde el silencio, disponiéndome a ir más allá de los torrentes de pensamientos en mi cerebro y siendo intencional en que mi mente emociones y cuerpo se alineen con quien se ha placido en hacer su morada en mi. 

Sin embargo, Pablo hace aquí referencia a la oración de intercesión que llevamos a cabo por personas en la distancia. Pensaba en que no es tan obvio como este tipo de oración puede cambiar a las personas por las que oramos. Sin embargo, puedo examinar mi vida de intercesión y comprobar como Dios me ha cambiado a mí.

¿Cómo cambia mi oración de intercesión mi visión? ¿Cómo cambia mi percepción y sentimientos hacía aquellas personas y situaciones por las que oro? ¿Cómo cambia mi manera de actuar?

Sospecho que este tipo de oración me lleva a una mayor consciencia de la interconexión en este mundo a través del camino espiritual. Me adentra en la identificación con otros, un elemento que Jesús enseñó con sus palabras y ejemplo. En un mundo lleno de tanto individualismo, interceder por aquellos que están en la distancia puede ser uno de los regalos de amor más sencillos y necesarios.

Hay un ejercicio que podemos hacer si queremos: orar durante un mes por una situación o persona y examinar cómo esta práctica me ha cambiado. Porqué la oración, sea hecha directamente ante alguien, en simplemente estar quietos ante Dios o intercediendo por otros en la distancia, nos coloca en un lugar donde el Espíritu Santo está dispuesto a traer cambios, de ahí que siempre esta sea una disciplina espiritual considerada imprescindible para los cristianos.

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