martes, 22 de junio de 2021

 

Llego al final de mis reflexiones en el libro de Nehemías y me encuentro con dos conclusiones muy diferentes, las cuáles me van a situar en una realidad humana muy familiar que seguro que podemos detectar también en nuestras comunidades cristianas.

El primer panorama es de renovación espiritual y fiesta. Esdras y Nehemías están juntos en llevar al pueblo la Torá, la cual es leída ante quienes pueden entenderla:

"Era el primer día del séptimo mes y el sacerdote Esdras trajo el Libro de Ley ante todos los hombres y mujeres reunidos, ante todos los que estaban capacitados para entender, y lo leyó en la plaza que está delante de la Puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de los hombres, las mujeres y los capacitados para entender. Los oídos de todo el pueblo prestaban atención." (8:2-3)

El pueblo, ante la exposición de la Torá que se llevó a cabo durante siete días no queda indiferente, responden en adoración, con lágrimas de arrepentimiento, recuperando la fiesta de las enramadas donde celebraban la fidelidad de Dios y con un compromiso público...

"Bendijo Esdras al Señor, Dios grande, y todo el pueblo respondió: “Amén, amén”. Alzaron sus manos, se inclinaron y adoraron al Señor rostro en tierra." (8:6)

"Y es que el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley." (8:9b)

"Todos los que habían regresado del destierro construyeron cabañas y habitaron en ellas. Era algo que los israelitas no hacían desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta entonces. Y hubo una alegría muy grande." (8:17)

En los capítulos 9 al 12 no paramos de encontrar bellas oraciones de alabanza, y una profunda expresión de confesión, compromiso y renovación que permitió también una ordenada repoblación del territorio y una dedicación de la reconstrucción efectuada:

"Esto es lo que dijeron los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías — Decidíos a bendecir al Señor vuestro Dios: Desde siempre y para siempre sea bendito tu nombre glorioso, que sobrepasa toda bendición y alabanza." (9:5)

"En consecuencia, hicimos un firme compromiso que pusimos por escrito y que fue sellado por nuestros jefes, levitas y sacerdotes." (10:1)

"Para dedicar la muralla de Jerusalén se solicitó la asistencia de todos los levitas desde sus respectivos lugares de residencia, y se los trajo a Jerusalén para celebrar la fiesta de la dedicación con alegría, con acción de gracias y con cánticos, címbalos, salterio y cítaras." (12:27)

Qué buen momento para finalizar el libro y dejarnos con esta miel en los labios ¿Hay un mejor final? Prepárate, pues parece que el escritor nos quiere dejar con otra sensación muy diferente a la que podemos sentir al leer y reflexionar hasta aquí. 

En el último capítulo y como broche final, Nehemías regresa a la ciudad y al revisarla se encuentra con lo siguiente:

- El servicio al templo al que se comprometieron está descuidado:

"Por aquel entonces no estaba yo en Jerusalén, porque en el año treinta y dos del reinado de Artajerjes había yo regresado a la corte real. Pasado un tiempo pedí permiso al rey para regresar a Jerusalén donde pude comprobar el mal que había hecho Eliasib al reservar a Tobías una sala en los atrios del Templo de Dios. Me disgusté tanto que arrojé fuera de la sala todo el ajuar de la casa de Tobías." (13:6-8)

"Me enteré de que no se había dado a los levitas lo que les correspondía y que los levitas y cantores encargados del servicio se habían marchado, cada uno a su heredad." (13:10)

- El día de reposo no se tiene en cuenta:

"En aquellos días vi en Judá a algunos que en sábado pisaban lagares y acarreaban haces de mies y los cargaban sobre asnos; y lo mismo hacían con el vino, las uvas, los higos y otras mercancías que traían a Jerusalén en sábado. Los reprendí porque vendían sus mercancías en ese día." (13:15) 

- La seguridad de los muros está en juego pues han creado un mercado alrededor del mismo:

"Sin embargo, varios comerciantes y vendedores de todo tipo de mercancías, pasaron la noche una o dos veces fuera de Jerusalén." (13:20)

- La identidad del pueblo se pierde y las costumbres paganas tienen una puerta de entrada:

"Descubrí también, por aquellos días, que algunos judíos se habían casado con mujeres de Asdod, de Amón y de Moab resultando que la mitad de sus hijos eran ya incapaces de hablar el idioma judío y sólo hablaban el de Asdod o el de otra nación." (13:23-24)

Nehemías acaba liándola con discusiones y violencia y pidiéndole a Dios que se acuerde de él y de todo lo que hizo:

"Discutí con ellos, los maldije, hice que los azotaran y les raparan la cabeza; después los conjuré en nombre de Dios: — No caséis vuestras hijas con sus hijos, ni os caséis vosotros o vuestros hijos con sus hijas." (13:25)

"¡Acuérdate de mí, Dios mío, para bien!" (13:31b)

Lo que comenzó como esperanza, termina con decepción ¿te suena? Yo esto lo he vivido muchas veces en medio de mi vida personal, familiar y de comunidad y doy gracias que la narrativa bíblica me sea tan útil para situarnos hoy en el mismo lugar donde muchos estuvieron ayer.

El libro de Nehemías en medio de toda la narrativa bíblica, me hace pensar de nuevo en que "el corazón del asunto es un asunto del corazón". Podemos renovar nuestro entendimiento de las escrituras, podemos renovar nuestras actividades y eventos, podemos aventurarnos a nuevas tierras, pero nada de esto es una garantía de que nuestro corazón esté transformado a niveles profundos.

La renovación del corazón es una de las claves de porque existimos como comunidad cristiana, sin embargo, la historía bíblica y nuestra propia experiencia es usada una y otra vez por el Espíritu Santo para recordarnos que dicha renovación es tarea suya, requiere tiempo, paciencia, confianza, tomar y perder el control muchas veces para disponernos a formar parte de un proceso que va más allá de nuestras expectativas personales y que requiere ver a Dios trabajando entre bastidores, en medio del caos en medio de aquello que no soportamos pero que el sabe manejar mejor que cualquier lider humano. Soy llamado a responsabilizarme de rendirme a esta obra que es solo suya, y desde ahí, tratar de entender y ayudar a otros con la misma gracia que recibo de él.

Al final de estas historias y experiencias, me quedo con la sensación de lo fácil que nos desviamos del camino de la gracia y la fe que se forja en medio de un mundo, una comunidad cristiana, una familia y un corazón propio que no puedo controlar y que necesita descansar en Dios aun cuando todo alrededor parece que no tiene solución. Es como si Dios me invitara a encontrar reposo en lugares hostiles y desde ahí, reconocer que mi trabajo y esfuerzo, por legítimo que sea, que lo es, no tiene el poder de transformar lo que solo el transforma. Es como si Dios me dijera:

"Descansa, yo tengo el control, el asunto es más profundo, no te pierdas entre las ramas. Ve a tu corazón y revísalo y allí te haré entender. Mi gracia en ti y desde ti a los demás, aprende esto en comunidad de una vez."

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