domingo, 5 de septiembre de 2021

ABRAN CAMINO (ISAÍAS 40)

A partir del capítulo 40, nos adentramos en una segunda parte del libro de Isaías. La primera parte finalizó con el anuncio del exilio de Israel a Babilonia:

“Se acerca el tiempo cuando todo lo que hay en tu palacio —todos los tesoros que tus antepasados han acumulado hasta ahora— será llevado a Babilonia. No quedará nada —dice el Señor—”. (39:6)

Lo interesante es que aunque Isaías vivió en el año 720 a.C., el exilio anunciado se llevó a cabo en el año 530 a.C. , y en esta segunda parte del libro las palabras del profeta hacen alusión a una realidad que él mismo no vivió. Fuera toda esta segunda parte escrita por Isaías o fuera recuperada y revisada años más tarde por sus discípulos (ver 8:16, 29:10-12, 30:8-9), nos vamos a encontrar con palabras muy útiles para un pueblo en la dificultad del exilio y con una gran necesidad de esperanza.

Concretamente el capítulo comienza con un anuncio de prepararse para un nuevo tiempo de restauración:

"¡Escuchen! Es la voz de alguien que clama: «¡Abran camino a través del desierto para el Señor! ¡Hagan una carretera derecha a través de la tierra baldía para nuestro Dios! Rellenen los valles y allanen los montes y las colinas; enderecen las curvas y suavicen los lugares ásperos. Entonces se revelará la gloria del Señor y todas las personas la verán. ¡El Señor ha hablado!»." (40:3-5)

Estas palabras son usadas en los evangelios para describir la labor de Juan el Bautista, quien prepara el Camino a la venida de Jesús. Si bien el escrito original tomaba sentido en la persona del rey Ciro, quien fue el instrumento que permitió la liberación de Israel de Babilonia, en Jesús encontramos un cumplimiento de connotación universal donde toda persona podemos sentirnos incluida. 

El pasaje es una invitación a dejar de confiar en todo aquello que no tiene la capacidad de salvarnos y en despertar al carácter del único Dios, quien está trabajando en restaurar lo que hemos estropeado y por tanto es el único en quien podemos confiar plenamente:

"¿Con quién podemos comparar a Dios? ¿Qué imagen se puede encontrar que se le parezca? ¿Se le puede comparar con un ídolo formado en un molde, revestido de oro y decorado con cadenas de plata?" (40:18-19)

"«¿Con quién me compararán? ¿Quién es igual a mí?», pregunta el Santo." (40:25)

La esperanza para quienes están cansados y fatigados por la adversidad es anunciada con estas espléndidas palabras:

"¿Acaso nunca han oído? ¿Nunca han entendido? El Señor es el Dios eterno, el Creador de toda la tierra. Él nunca se debilita ni se cansa; nadie puede medir la profundidad de su entendimiento. Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles. Hasta los jóvenes se debilitan y se cansan, y los hombres jóvenes caen exhaustos. En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán." (40:28-31)

La pregunta que viene a mi mente es ¿En quién estoy confiando para enfrentar los retos de la vida? ¿En qué o quién estoy poniendo mi esperanza? ¿Qué significa volver mi mirada a quien no se cansa de trabajar para restaurar todas las cosas? ¿De qué manera práctica podemos colaborar como individuos y comunidad cristiana para preparar el camino a la restauración que Dios desea traer?

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