viernes, 12 de noviembre de 2021

En el resto de 1ª de Crónicas, es decir, desde el capítulo 10 al 29, nos encontramos acontecimientos alrededor de la vida del rey David, desde como es reconocido y ungido tras la muerte de Saúl a cómo traspasa el reinado a su hijo y finalmente muere.

El cronista apenas señala acontecimientos negativos en la vida de David que otros libros no omiten. Si señala el censo que decretó y que no agradó a Dios y acabó con nefastas consecuencias de mortandad  del cual David se arrepintió (capítulo 21), y también señala como Dios no quiso que construyera el templo debido a que fue un guerrero y derramó mucha sangre, a lo cual David responde con una oración en la que se percibe una humildad poco propia de un rey de la época (17:16-27). 

Parece que el cronista está muy interesado en destacar aquellas cualidades que evocan el profundo deseo de un reinado futuro que se caracterice por un nuevo tiempo para Israel, lo cual nos  recuerda la promesa del Rey Mesías. Quizás por ello, lo que mas se destaca de David en este libro es su relación con los preparativos del templo y los planos del mismo que traspasa a su hijo. En este sentido también se destaca el énfasis en la distribución de músicos y cantores, ministerio de los levitas y en definitiva, todo lo que tiene que ver con una renovación en el área de la espiritualidad pública de Israel. 

¿Qué elementos en David nos hacen ver la esperanza de un mejor futuro? 

Desde mi limitada perspectiva, llama mi atención la capacidad de David para reconocer su pequeñez aun siendo un poderoso rey, y por tanto, para disponerse a confiar en Dios, más grande que cualquier poderoso en la tierra:

"Busquen al Señor y su fuerza, búsquenlo continuamente." (16:11)

"Entonces el rey David entró y se sentó delante del Señor y oró: «¿Quién soy yo, oh Señor Dios, y qué es mi familia para que me hayas traído hasta aquí?" (17:16)

"»Y ahora, oh Señor, yo soy tu siervo; haz lo que prometiste respecto a mí y a mi familia. Que sea una promesa que dure para siempre." (17:23)

Cualquier proceso de transformación personal, requiere claridad con respecto a nuestras limitaciones y una perspectiva que vaya más allá de nuestra realidad presente. David encontró en la adoración a Dios ambas cosas y es por ello, que a pesar de sus errores y a pesar de su gran poder, vislumbramos en él arrepentimiento y humildad, elementos básicos para un cambio. 

Cuando está en sus últimos momentos, el deseo para su hijo Salomón, quien le sustituirá en sus responsabilidades incluye:

"»Y tú, Salomón, hijo mío, aprende a conocer íntimamente al Dios de tus antepasados. Adóralo y sírvelo de todo corazón y con una mente dispuesta. Pues el Señor ve cada corazón y conoce todo plan y pensamiento. Si lo buscas, lo encontrarás; pero si te apartas de él, te rechazará para siempre." (28:9)

La versión Reina Valera en vez de "el Señor ve cada corazón" dice: "Jehová escudriña los corazones".

Fue David el que escribió el maravilloso Salmo 139 que acaba con unas palabras que a menudo me son muy útil en mi oración de la noche:

"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno." (Salmo 139:23-24)

La vida espiritual que apunta a contribuir a un mundo mejor, está intimamente ligada al profundo viaje interior. En este viaje nuestros deseos, necesidades y heridas más profundas dejan de ser reprimidas y ocultas y empiezan a traernos claridad con respecto a nuestra dificultad para vivir en la armonía que deseamos con nuestras propias vidas personales y con las de aquellas personas con quienes nos relacionamos ¿Es posible una transformación de la realidad sin este camino interior?

Es muy interesante que en el Nuevo Testamento el concepto de morir es el previo a la resurrección y a la transformación. Jesús, el Mesías recorrió ese camino para dar lugar a la restauración de todo lo que el pecado ha estropeado, y en un sentido, él mismo nos invita como discípulos a recorrerlo:

"Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." (Lucas 9:23)

¿Cómo se relaciona el reconocimiento de nuestras limitaciones, contradicciones y nuestra necesidad de recibir luz de nuestros puntos ciegos con una actitud de tomar la cruz  para morir a nosotros mismos?

David entendió que Dios es quien nos escudriña, quien nos conoce, y por tanto, quien mejor nos va a guiar en el camino de la transformación a la vida plena. Es por ello, que no es extraño que el cronista vea en David un eco de esperanza para el futuro Mesías: David tuvo en cuento los principios para la transformación y por tanto su vida es un manifiesto de esperanza.

Leo esta porción de Crónicas desde la perspectiva de que el Mesías prometido ya ha venido al mundo para contribuir de una manera única a la transformación que anhela este mundo roto. El reinado de David implicó para Israel un periodo de renovación espiritual y bienestar social y estuvo fundamentado en una actitud de humildad y reconocimiento por parte del monarca. Jesús viene a traer con más claridad cual es el tipo de reinado que este mundo necesita y entonces nos enseña entre otras cosas a:

- Despojarnos de nuestras rangos de poder para sentir y abrazar a los desfavorecidos, la "Kenosis" nos habla de como él se despojó de su gloria y tomó forma de siervo:

 "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;" (Filipenses 2:6-7)

- Desde esa realidad, Jesús también nos enseña a valorar a todas las personas que el sistema de poder de su época no tienen en cuenta. Por ello acabó ofendiendo a los religiosos y su moral, por atraer hacía él mismo justo al tipo de personas que ellos ignoraban o rechazaban: mujeres, niños, enfermos, samaritanos, recaudadores de impuestos etc. y les dice a estos olvidados que el reino de los cielos les es accesible a pesar de lo que los religiosos prediquen.

Su muerte, resurrección, ascención a los cielos y envío del Espíritu Santo son precisamente para desarrollar ese tipo de vida en cada persona, en la que la revolución no se lleva a cabo a través de la espada y la imposición (que en ocasiones podían representar los reyes de Israel incluyendo a David), sino a través de la humildad, el servicio y la entrega que trae bendición. 

En el reinado de Jesús, la dominación es sustituida por el servicio, por el sentir al que sufre y por la identificación con los oprimidos... pero para llevar a cabo este nivel de empatía práctica tiene que morir el opresor que llevamos dentro, tiene que crecer el niño y la niña que llevamos dentro, tiene que sanar la herida que llevamos dentro... Es decir, tenemos que andar el camino interior, acudir a menudo a la consulta de quien examina nuestros corazones y ve si hay caminos errados y nos guía por el camino eterno (Salmo 139:23-24). Es en esta senda donde el Espíritu Santo acaba formando la vida de Jesús en nuestro interior y reproduciendo un nuevo modelo de humanidad donde la cultura de dominación acaba siendo sustituida por la cultura de colaboración. 

El anhelo del cronista de una renovación espiritual y social sigue siendo nuestro anhelo hoy y en Jesús encontramos esa incómoda puerta a una nueva manera de vivir y entender el mundo ¿Estaremos dispuestas y dispuestos a reconocer nuestras sombras, a bajarnos de nuestros rangos de poder a ser desafiados en nuestra religiosidad y nuestra moralidad defectuosa y a descubrir el amor y el servicio que transforma? ¿Acaso se puede entender el discipulado como proceso de transformación sin este camino interior?

¿Cuáles son las experiencias y prácticas en tu vida que manifiestan que Dios está examinando lo profundo de tu corazón y guiándote a un nuevo estilo de vida?

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