domingo, 3 de abril de 2016

Tras leer la carta completa, me adentro en la práctica de la Lectio Divina, donde voy a tratar de meditar en pasajes más cortos, resaltando lo que creo que el Espíritu Santo me señala.

El capítulo uno, comienza con el tema de la unidad, este tema abarca prácticamente un cuarto de todo el escrito y eso nos lleva a tener una idea de la importancia que el apóstol le da.

Las palabras que me han resaltado es: "pero bueno, ¿es que Cristo está dividido?" (1:13a)

Algunos de la iglesia de Corintios estaban diciendo: "Yo pertenezco a Pablo, yo a Apolo, yo a Pedro, yo a Cristo." (1:12b), de la misma manera que hoy muchos decimos: Yo soy protestante, yo católico, yo ortodoxo. Dentro de la tradición que he heredado de mis padres, muchos decimos: "yo soy bautista, yo pentecostal etc." Y aun se escucha: "Yo soy de la iglesia tal, yo de la iglesia cual, yo de la iglesia de fulanito o de menganito". Ante toda esta realidad la exhortación apostólica es clara y contundente, aunque con el tiempo parece que carece del sentido original.

Cuando entendemos el sentido de unidad de la Biblia, nos damos cuenta de que no depende de maneras de organización, personas carismáticas, ni confesiones de fe secundarias. De hecho, para los apóstoles, la única frontera entre iglesias fue la cuestión geográfica. Ellos siempre trataron a la iglesia local en base a la ciudad, independientemente de que en la ciudad se reunieran en diferentes hogares. Sin embargo, hoy la iglesia tiene otras fronteras que ignoran la gravedad del problema de Corintios y la importancia de la respuesta apostólica a la misma.

Pienso en como hemos heredado un modelo de iglesia que ha perdido el sentido bíblico de unidad, que ha querido dar importancia a otras banderas y énfasis fuera de Jesucristo. Tratamos a través de apellidos, de reclamar el título de iglesia y al hacerlo, creamos instituciones religiosas que confunden el verdadero sentido de la iglesia y su unidad.

Creo que los edificios, los modelos organizativos, las confesiones de fe secundarias, los libros de membresía, las denominaciones, los nombres de líderes y los eventos, reuniones y proyectos religiosos nunca determinan lo que es y no es una iglesia. Creo que el ADN de la Iglesia solo lo determina Cristo, y que por tanto, podemos tener todos los elementos que he nombrado y ni siquiera ser iglesia. Cuando miramos a Cristo le vemos en comunión con Dios, implicado en la restauración de un mundo roto y discipulando, y tales cosas se pueden hacer con o sin los elementos que ya he nombrado. Todo ello me lleva a dos cuestiones:

- ¿Soy capaz de identificar a la iglesia en mi ciudad? pues cabe la posibilidad que en base a construcciones humanas, haya perdido de vista al verdadero Cuerpo de Cristo. Además, desde el ADN de Cristo, descubro que la iglesia verdadera puede estar dentro y fuera de las instituciones religiosas.

- ¿Soy capaz de centrarme en el verdadero vínculo de unidad? ¿Qué lugar debe ocupar entonces todo aquello que hoy divide a los seguidores de Jesús?

Hace más de cuatro años que junto a otros cristianos empezamos a vivir la comunidad cristiana de manera a-confesional, centrándonos en los elemntos del ADN que determinan que seamos iglesia. Al día de hoy, esta comunidad no tiene nombre ni pertenece a ninguna denominación para recordarnos que la iglesia nunca se debe convertir en un  reino taifa. A la vez, en esta comunidad nos recordamos que no somos la iglesia, sino solo parte de ella, y que dicha perspectiva debe determinar la relación con el resto de la iglesia en nuestro entorno. Vivimos en un pueblo donde otros cristianos forman parte de confesiones religiosas, y precisamente hoy, hemos pasado el día con ellos, porque allí también está la iglesia.

Entender la unidad bíblica, me lleva a pasar por alto lo secundario, y a tratar de mantener el vínculo en Cristo. Hay cristianos que no consideran iglesia nuestra comunidad a-confesional, pero soy llamado a no decir "yo soy de Pablo, Apolos o Cefas" y a mostrar que Pablo tenía razón cuando dijo: ¿Acaso está dividido Cristo?.

La unidad en un sentido es lo que Dios nos ha ofrecido, pero Pablo en su carta también habla de la necesidad de ser intencionales en la manera en la que nos relacionamos:

"Pero tengo algo que pediros, hermanos, y lo hago en nombre de nuestro Señor Jesucristo: que haya concordia entre vosotros. Desterrad cuanto signifique división y recuperad la armonía pensando y sintiendo lo mismo. (1:10)

¿Qué implica para mi tener armonía con los seguidores de Cristo en mi ciudad? ¿Qué implica en mi contexto desterrar todo lo que signifique división y recuperar la armonía pensando y sintiendo lo mismo?



Ver también:

El Vínculo

¿Iglesia o Secta?

Ecumenismo e Iglesia Orgánica





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