jueves, 25 de agosto de 2016

UN CUERPO ENTRENADO (MARCOS 14)

Me adentro en el capítulo catorce del evangelio de Marcos, donde se nos narran importantes escenas de la pasión: el complot para arrestar a Jesús, como este es ungido en Betania, la celebración de la Pascua donde el Maestro relaciona el pan y el vino con su entrega, la oración en Getsemaní, el arresto de Jesús y la negación de Pedro.

Ante todas estas escenas, llama mi atención principalmente las emociones que Jesús siente antes de ser entregado. Dice el texto:

"Se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a sentirse atemorizado y angustiado. Les dijo:
— Me está invadiendo una tristeza de muerte. Quedaos aquí y velad." (14:33)

El Maestro sintió temor, angustia, una tristeza como de muerte. Si tu has sentido ansiedad, puedes identificar estas emociones tan incómodas en Jesús, y probablemente nuestra experiencia, por más horrible que fuera, es posible que se queden corta ante las del Maestro. Yo al menos, puedo identificar momentos en mi vida donde estas emociones han estado ahí.

Sin embargo, en ese momento, Jesús decide acercarse al Padre en oración, a través de una oración sincera, donde sus deseos con respecto a evitar este trago tan duro, no fueron ocultos. Es como si en una noche fría y oscura, encendiera una fogata que le permitiera calentarse un poco y también obtener algo de luz.

Finalmente, la oración del Maestro es:

"...no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú." (14:36b)

Este modelo de oración que nos deja, es sin duda el fruto de una formación espiritual completa, la cual no incluye el ser librado de momentos difíciles, pero si el recibir el poder para obedecer a pesar de las dificultades. Es la expresión de alguien que está dispuesto a entregarse a pesar de un duro precio, aun el sufrimiento y la muerte, con el fin de hacer la voluntad de Dios.

Llama mi atención este contraste con la negación de Pedro. Sin duda, eran también un momento difícil para los discípulos, pero la respuesta de ellos fue muy diferente a la de Jesús: huyeron y Pedro acabó negándolo a pesar de que dijo que eso nunca lo haría.

En medio de estas escenas, el Maestro nos da una clave importante para nuestra formación espiritual. En medio de la dificultad dijo a sus discípulos:

"Velad y orad para que no desfallezcáis en la prueba. Es cierto que tenéis buena voluntad, pero os faltan las fuerzas." (14:38)

Es decir, hay algo que podemos y debemos hacer para estar preparados para vivir en obediencia a Dios. Hay una manera en la que nuestros músculos espirituales pueden ser ejercitados y retomar fuerzas. Cuando los discípulos entendemos la fe como estar de brazos cruzados, nuestro cuerpo deja de ser entrenado para enfrentar la debilidad y el pecado.

Esta enseñanza de Jesús en un momento tan difícil, hay que entenderla desde la realidad de que nunca es nuestro propio esfuerzo el que va a salvarnos. Sin embargo, la fe y la gracia en los evangelios y las cartas apostólicas, nunca significaron pasividad, implicaron acción. La fe es algo activo, que nos lleva a dar pasos para vivir como Jesús dijo que viviéramos y al hacerlo, el poder del Espíritu se manifiesta de manera asombrosa.

¿Es mi comunidad cristiana un gimnasio que me ayuda a entrenar mi cuerpo con los ejercicios que el Maestro practicó? ¿Está mi cuerpo entrenado para enfrentar las dificultades o solamente tengo una cabeza llena de información intelectual teológica? ¿Qué prácticas espirituales son las más necesarias para fortalecer aquello que en mi vida está débil?

Ver también:

Teología De La Práctica


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