domingo, 26 de enero de 2014

Teología de la Práctica (parte 1 de 3)

Inquietudes
 Ya desde nuestro noviazgo, Sylvia y yo compartimos algunas inquietudes en común. Tras años sirviendo en diferentes ministerios relacionados con la juventud, empezamos a detectar entre otras cosas lo siguiente:

-          Un gran número de cristianos tenemos dificultad para aplicar la fe en el entorno social que nos rodea. Es como si la involucración en los programas de la iglesia, a menudo nos sumerge en lo que algunos han denominado “la burbuja evangélica”.  

-          El efecto “burbuja” no solo dificulta la predicación del mensaje en el contexto cotidiano, sino la posibilidad de ver en los cristianos los efectos prácticos del mismo. Es decir, a menudo no somos un contexto de credibilidad para nuestras palabras.

-          En la medida que nos acercamos más al mundo donde estamos llamados a ser sal y luz, nos encontramos con muchos interesados por Jesús, que a la vez huyen de las organizaciones religiosas a las que pertenecemos.

Un Viaje a Costa Rica

En el 2009 fuimos invitados a Costa Rica, para reunirnos con pastores y líderes juveniles de diferentes puntos de América y Europa. Durante unos 10 días estuvimos dialogando acerca de los retos del discipulado en el siglo XXI y nos acercamos juntos a las Escrituras en busca de respuestas.

Revisar nuestro concepto de pecado nos ayudó a entender la esencia del mismo: decir a Dios “no te necesito”, y comprobar que sus consecuencias no solo ha traído una ruptura con Él, sino también con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con el entorno.

Esto amplió nuestro concepto de Salvación, pues entendimos mejor que Jesús vino a restaurar todo lo que hemos estropeado, lo que a la vez trajo luz a nuestro concepto de Misión ( puedes ver más al respecto en la serie Iglesia XXI publicada por Protestante Digital).

Fuimos más conscientes que a lo largo de toda la Biblia Dios está restaurando lo que hemos estropeado, dando instrucciones de cómo su pueblo debe vivir y preparando el camino al Salvador que necesitamos. Jesús y su vida es el mejor ejemplo de trabajo misionero y seguirle y obedecerle la manera de unirnos al plan eterno de este Dios restaurador.

A partir de ahí, decidimos considerar más seriamente la misión como un estilo de vida, en vez de un programa o evento de la iglesia. Pues descubrimos que Jesús en nosotros es lo que determina la vida misional. Necesitábamos ojos para ver nuestras familias, vecindarios, lugares de estudios y trabajo como campo misionero y las necesidades detectadas en el día a día como oportunidades para encarnar el ministerio de Cristo en la tierra. 

Teoría Sin Práctica

Todo esto estaba muy bien, pero teníamos que regresar de Costa Rica y continuar nuestro ritmo en España ¿Cómo íbamos a implementar lo aprendido? ¿Qué podíamos hacer para conseguir unos ojos más misionales y estar más preparados para atender las necesidades de este mundo? No sería la primera vez que ante una experiencia reveladora acabáramos atascados en el "Si, pero ¿Cómo?" 

En una ocasión, un experto de la ley se acercó a Jesús y le preguntó que tenía que hacer para heredar la vida eterna. Jesús le hizo una muy buena pregunta: “¿Qué dice la Ley?” y este hombre demostró que conocía el marco teológico adecuado: “Amar a Dios y amar al prójimo”. Sin embargo, no parecía que tenía muy claro la aplicación de este marco teológico en el día a día. Jesús le cuenta la historia del “Buen Samaritano” y no solo le aclara algunos puntos acerca de la palabra "prójimo" usando para ello a una persona considerada detestable para el maestro de la Ley, sino que le dice: “Ve y haz tu lo mismo".

Si algo no falta en el mundo cristiano es conocimiento intelectual. No podemos garantizar que siempre este conocimiento sea correcto, pero sin duda dedicamos la mayor parte de nuestras reuniones y ministerio a la transmisión de información y no sería justo decir que tal información suele ser errada en su mayor parte.

Solemos evaluar nuestras comunidades y ministerios en base al número de persona que recibe la información adecuada, pero nos olvidamos de comprobar si esa información está realmente ayudándonos a vivir como Dios espera que vivamos.

Este era también un temor en nuestro caso ¿Seríamos capaces de llevar a la práctica todo lo que Dios nos mostró en Costa Rica o solo nos quedaríamos con buena teoría para trasmitir a otros? 

Incorporar Acciones

El autor Neil Cole, nos ayudó mucho tras nuestro regreso a España con su obra “Cultivando Una Vida Para Dios”. Ante su propuesta aprendimos a valorar prácticas espirituales que nos colocaron en el lugar donde Dios produce el cambio. En nuestro caso, incorporamos tres prácticas muy concretas que desarrollamos a través de un encuentro regular en grupos muy pequeños del mismo sexo y a la que denominamos Grupos de Crecimiento. No estoy tratando de hacer de esta práctica concreta la panacea, simplemente la uso como un ejemplo. Las tres practicas básicas de estos Grupos de Crecimiento son:

Rendición De Cuentas: Esta práctica nos permite evaluar semanalmente en grupos pequeños si estamos incorporando nuestro marco teológico a nuestros entornos cotidianos. Confesar como estamos viviendo en nuestras familias, estudios, trabajo etc. Si estamos predicando a Jesús, cómo estamos usando nuestros recursos y cómo está siendo nuestras actitudes ante los que nos dañan (entre otras cosas), nos ayuda a evaluar si de verdad estamos andando el Camino de Jesús de manera relevante.
Leer La Biblia En Comunidad y En Contexto: Esta práctica consiste en comprometernos como grupo a leer grandes porciones de la Biblia durante la semana y compartir lo que Dios nos muestra acerca de cómo debemos vivir. Si en la rendición de cuentas confesamos nuestros pecados, ahora en nuestras lecturas encontramos donde tenemos que dar el giro a nuestro caminar. Expirar nuestros errores e inspirar la voluntad de Dios es lo que algunos han denominado "la respiración espiritual".
Orar Con Énfasis Misional:  Esta práctica consiste en comprometernos a orar de manera intencional por las personas rotas que Dios pone en nuestro camino. Oramos para que Dios las bendiga y nos use como “buenos samaritanos”. Depender de Dios mediante la oración en el proceso de colaborar en Su misión nos ayuda a situarnos en el lugar donde esperamos lo que solo Dios puede hacer.

Estas tres prácticas espirituales llevadas a cabo regularmente en pequeños grupos, nos ayudaron entre otras cosas a:

-          ver nuestros entornos cotidianos con ojos misionales
-          disponernos cada día a colaborar con Jesús en la restauración de un mundo roto
-          aprender a depender de Jesús y de la comunidad cristiana ante un reto que no es para llaneros solitarios

Con nuestros nuevos ojos para ir al trabajo y al supermercado, Dios nos permitió conocer allí mismo a algunas de las personas con las que él estaba trabajando. Nos dio el privilegio de conocerlas, orar por ellas, acompañarlas en su camino y ver el poder de la gracia divina en sus vidas. Parece que tales disciplinas fueron usadas por el Espíritu Santo para agudizar nuestra percepción espiritual del entorno.

Vuelvo a aclarar que no pretendo dogmatizar el uso de ninguna disciplina (soy consciente de los grandes peligros de hacerlo), solo deseo poner un ejemplo de cómo adentrarnos en un marco teológico con el fin de no quedarnos solo con buenas ideas en nuestra mente.

Problemas y Soluciones Con Las Disciplinas Espirituales


Sostengo que es un error ser y hacer discípulos cuando nuestras disciplinas se reducen a dar información y nos olvidamos de cómo sería la ortopraxis de nuestra ortodoxia. Creo que necesitamos enriquecer nuestras comunidades cristianas con aquellas disciplinas que mejor nos ayuden a alinearnos con el estilo de vida de Cristo.

Sin embargo, no podemos olvidar que con frecuencia las disciplinas espirituales han sido mal entendidas y objeto de abusos y legalismos en muchas comunidades cristianas. Estas pueden ser instrumentos de control, pueden sumergirnos en la burbuja o por el contrario, pueden ser instrumentos para sacarnos del estancamiento y lanzarnos a trabajar en un mundo roto.

Por ello he decidido empezar esta serie dedicada a la teología de la práctica donde nos adentraremos entre otras cosas en el papel que juega la gracia en nuestras disciplinas espirituales, los peligros de no entender bien el asunto y los consejos para no quedarnos en cristianos con un conocimiento intelectual que poco cambia la manera en la que vivimos en el contexto cotidiano.

Por cierto, si el término "disciplinas espirituales" contiene demasiadas connotaciones negativas para ti, te aconsejo que cuando leas disciplina lo traduzcas por práctica.

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