¿Te has portado bien con personas que luego te han tratado mal? De eso va este salmo de David.
"me devuelven mal por bien,
todos me han abandonado.
Pero yo, cuando ellos enfermaban,
me vestía con tela de saco,
ayunando me mortificaba
y no dejaba de orar dentro de mí.
Como por un amigo o un hermano,
como quien llora a su madre,
caminaba triste y abatido.
Pero, al caer yo, ellos se alegran,
se unen todos contra mí,
me dañan y nada entiendo,
me desgarran sin cesar."
todos me han abandonado.
Pero yo, cuando ellos enfermaban,
me vestía con tela de saco,
ayunando me mortificaba
y no dejaba de orar dentro de mí.
Como por un amigo o un hermano,
como quien llora a su madre,
caminaba triste y abatido.
Pero, al caer yo, ellos se alegran,
se unen todos contra mí,
me dañan y nada entiendo,
me desgarran sin cesar."
(V. 12-15)
Me encanta la honestidad del salmista, ante lo ocurrido, no reprime sus emociones, ni siquiera sus deseos de venganza, no los ignora, sino que los expresa abiertamente a la Divinidad con honestidad:
"Queden defraudados y turbados
los que se alegran de mi desgracia,
que la vergüenza y la humillación cubran
a los que se muestran soberbios conmigo."
(V. 26)
Como seguidor de Jesús, soy consciente de que la invitación es a vencer el mal con el bien, aun cuando como David, recibimos mal por el bien que hacemos. Soy consciente, de que David en este Salmo no trata el tema del perdón y la gracia, de ahí que mi aplicació ante su escrito es la necesaria gestión de mis emociones y pensamientos correctamente, y eso significa en oprimer lugar no ignorarlos ni reprimirlos, sino expresarlos honestamente a la Divinidad. Cada parte de un buen proceso, tiene su tiempo, y debemos saber estar y acompañar y acompañarnos en cada una de esas partes.
¿Soy consciente de la importancia de ser honesto con mis emociones y sentimientos? ¿Qué ocurre cuando en vez de volcarlos impulsivamente ante quienes me hacen mal, los vuelco ante la Divinidad?
Por otro lado, estaba pensando en lo fácil que me es identificar a quienes me hacen mal cuando yo, al menos eso creo, les he hecho el bien. Pero ¿soy capaz de identificar a las personas que me han hecho el bien y yo no les he tratado correctamente? ¡Cuánto nos gusta mantenernos en el papel de víctimas! ¡Cuánta falta hace personas capaces de sostener la realidad de que a veces las personas de las que David habla podemos ser nosotras mismas!
Acabo la reflexión de este Salmo con una propuesta de práctica, que va más allá de la útil expresión de nuestras emociones y pensamientos no deseados a Dios y de ser capaces de identificar cuando somos nosotros los que devolvemos mal por bien:
Ya que David ayunó cuando estos enemigos enfermaron ¿Qué tal si yo dejo de hacer algo valioso para dedicar tiempo a orar por personas que no me caen bien? Quizás, antes de llegar a ese punto, necesite imitar a David en este Salmo y probablemente, en algunos caso, esto que propongo sea imposible sin tal imitación.

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