El silencio es una disciplina espiritual que nos ayuda a escuchar lo que no estamos escuchando ¿Y si esta práctica espiritual nos ayudara a tomar consciencia de que hay un silencio en nosotros que debería romperse cuanto antes porque nos está dañando?
David al escribir el hermoso Salmo 32, dijo:
"Mientras guardé silencio,
mis huesos se fueron consumiendo
por mi gemir de todo el día.
Mi fuerza se fue debilitando
como al calor del verano,
porque día y noche
tu mano pesaba sobre mí. Selah"
(v. 3-4)
David no habla de la disciplina del silencio y la quietud sino de silenciar nuestras acciones y actitudes dañinas, aquellas que no están en consonancia con la Vida de la Divinidad, y que solo contribuyen a separarnos de Dios, de nosotros mismos, de las demás personas y de la naturaleza. Está hablando de ignorar y no reconocer que dentro de nuestro ser hay algo que debe ser expulsado cuanto antes, y mientras más tardemos, más daño nos hará. De ahí que en este Salmo, reconoce el valor de expulsarlo a través de la práctica de la confesión:
"Pero te confesé mi pecado
y no te oculté mi maldad.
Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor».
Y tú perdonaste la culpa de mi pecado. Selah"
(v. 5)
La práctica espiritual de la confesión a la Divinidad, es muy poderosa ya que se sustenta en la misericordía y la gracia divina para quienes a menudo erramos y nos equivocamos. Cuando se practica con un claro entendimiento de que nuestro Dios limpia el pecado y por tanto nos libra de la culpa, el resultado es que nos volvemos felices, bienaventurados o dichosos (según la traducción que usemos). Por ello este Salmo empieza con las siguientes palabras:
"Dichoso aquel
a quien se le perdonan sus transgresiones,
cuyos pecados son cubiertos.
Dichoso aquel
cuyo pecado el Señor no le toma en cuenta,
y en cuyo espíritu no hay engaño."
( v. 1-2)
Es muy interesante la imagen que usa David en este Salmo para describir nuestras vidas cuando rehusamos reconocer nuestra necesidad de cambiar la dirección que nos está llevando a la perdición. Supongo que era una imagen bien conocida por él, que probablemente vió o el mismo realizó, me refiero a la domesticación de équidos (caballos y burros). David se imaginó al Señor tratando de encaminarnos por un camino diferente al de la perdición y a nosotros resistiéndonos:
"El Señor dice:
«Yo te instruiré,
yo te mostraré el camino que debes seguir;
yo te daré consejos y velaré por ti.
No seas como el mulo o el caballo,
que no tienen discernimiento,
y cuyo brío hay que domar con brida y freno
para acercarlos a ti»."
(v. 8-9)
A lo largo de la historía, nuestros ancestros en el Camino espiritual han desarrollado la práctica del examen, donde buscamos el silencio suficiente para en oración escuchar la voz de Dios guiándonos y si es necesario, romper el silencio de nuestra tesquedad tratando de vivir desalineados con la Divinidad. En la práctica del examen, tomamos tiempo para analizar nuestro día, detectar nuestro pecado y practicar la confesión que nos conecta con la gracia que nos perdona y nos libera del peso de la culpa y nos saca del camino que nos desconecta y daña tanto. En mi caso, uso la
App Lectio365 en la noche, ya que dicha meditación está basada en la disciplina del examen.
¿Hay algo en ti que debería ser confesado? ¿Qué tal incorporar en tu vida un ritmo de examen constante?
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