miércoles, 13 de enero de 2016

Mateo 10-12 

"Jesús reunió a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus impuros y para curar toda clase de enfermedades y dolencias... Jesús envió a estos doce..." Mateo 10:1, 5

Iba camino al trabajo conduciendo mi coche mientras escuchaba con atención los capítulos 10, 11 y 12 de Mateo.

Lo que esta vez ha llamado mi atención es como el Maestro escoge a sus discípulos y los prepara, no para crear una organización religiosa, ni para gestionar lugares de reunión, sino para ir a un mundo roto y marcar la diferencia.

No he podido dejar de pensar en el tiempo que usamos en formar personas para moverse en complejas estructuras religiosas. A lo cual no deberíamos llamar discipulado, sino más bien domesticación, porque al fin y al cabo, tiene más que ver con manejarse en ciertas subculturas que con el modelo de Jesús en este mundo.

No he podido quitarme la imagen de los discípulos moviéndose hacía barrios y pueblos no familiarizados, hablando con personas, comiendo con ellos, orando y bendiciéndoles, y esto contrasta con la imagen moderna de cristianos encerrados en una burbuja que por lo general nos aísla del tejido social donde deberíamos estar presente e influenciando.

Tristemente en nuestros días, la invitación a programas ha sustituido la misión de cada discípulo.

El Maestro no les dice que la misión a la que los manda será fácil. Si, expulsarán demonios, sanarán enfermos, algunos les recibirán y les darán de comer, pero pasarán por dificultades, serán también rechazados y malentendidos y acusados injustamente. ¿Será esa la razón por la que hoy el cristianismo prefiere atrincherarse y formar burbujas religiosas en medio de la ciudad? No cabe duda que es más cómodo esto último.

Juan el Bautista, está en la cárcel por involucrarse en la misión de Dios, y Mateo señala en los siguientes capítulos el rechazo que Jesús recibe cuando pasea con sus discípulos en el contexto cotidiano y toman espigas en sábado ante religiosos,  también cuando sana a una persona de una mano atrofiada ese mismo día. Incluso llegan a decir que Jesús expulsa demonios por el poder demoniaco.

Desmantelar la falsa religiosidad y las actitudes injustas en nuestro entorno nos traerá serios problemas. Pero no hacerlo puede significar quedarnos atrapados en una burbuja que poco nos ayuda a experimentar la Misión.

He visto cristianos que trabajan intensamente de lunes a sábado, y el único día que tienen para acercarse al vecino que está a punto de separarse de su pareja (o al que tiene la mano atrofiada), no pueden hacerlo. La tradición religiosa puede ser demasiado dura para desafiarla.

El principio para mi hoy tiene que ver con retomar el discipulado de Jesús.

¿Es mi comunidad cristiana un entorno donde somos formados para la Misión como estilo de vida? ¿O es un club religioso que prácticamente se basa en aportarme ciertos beneficios?

Ver también:

La Misión

¿Cómo Enseñamos a Ser Cristianos?

Cristianismo Consumista



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