En el Salmo 28 David se acerca a la Divinidad con el pensamiento de que puede ser olvidado por ella y puede acabar arrastrado con los malvados en sus nefastas consecuencias de vida: "A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo." (V.1-2) Me encanta que David no esconde sus dudas, sus temores, su indignación, ni siquiera lo que se le pasa por la cabeza, que reconozco que al leerlo me parece un deseo de justicia desprovisto de gracia: "Dales su merecido conforme a la obra de sus manos." (V. 4b) ¿Cuál es el resultado de traer su desesperación con un corazón abierto y honesto? Al igual que la estructura de muchos otros salmos, tras traer el poeta sus afanes a la Divinidad, empieza a trasmitirse una fe renovada; en este caso, empezó con "no te desentiendas... oye mi voz" y tras ve...
en una era denominada post-cristiana