domingo, 20 de octubre de 2013

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En los dos artículos anteriores hemos podido acercarnos a las imágenes negativas que vienen a la mente de esta generación cuando escuchan la palabra "cristiano" o "cristianismo". He dado algunas razones de porque estas imágenes no significan falta de hambre espiritual. También he propuesto no reducir el evangelio a la proclamación de un mensaje intelectual. La necesidad de este mundo es encontrarse con la VIDA de Cristo y esto es posible gracias a que él viene a vivir en sus seguidores con el fin de darse a conocer. Dios es espíritu, y siempre ha querido darse a conocer a través de seres humanos; Abraham, Israel, Él mismo encarnado y ahora Él mismo viviendo a través de su Cuerpo en la Tierra, la Iglesia. El Jesús de la Biblia no vive en una burbuja, viene a estar presente en medio de un mundo roto, a identificarse con una humanidad caída, a restaurar lo que el pecado ha estropeado y a proclamar buenas noticias. Su muerte, resurrección y ascensión nos ha salvado y liberado para hacer realidad su deseo: "Cómo el Padre me envió así yo os envío". Es posible que su VIDA continúe hoy a través de sus seguidores.

Creo que la presencia y proximidad de Jesús en el siglo XXI, a través de su pueblo, nos da la ocasión de servir a un mundo necesitado y a la vez, ese amor en acción derriba muchas de las imágenes negativas que esta generación tiene del cristianismo. Aquellos que reproducen la vida de Cristo acercándose, identificandose y sirviendo a este mundo, poseen para esta generación la autoridad de proclamar verbalmente el mensaje de las buenas noticias. Esta es la manera en la que el mensaje mejor se comunica y entiende: palabras y obras como parte de una misma cosa: la VIDA de Cristo en nosotros.

Aclaro que no estoy hablando de ningún secreto para evitar oposición a la hora de compartir de Jesús con este mundo, tristemente hay muchos que no les conviene que la justicia y el amor reinen en y a través de personas. Sin embargo, tener en cuanta lo anterior, evita barreras innecesarias.

Diálogo en vez de debate

Centrándonos ahora en la verbalización del mensaje, me gustaría dar alguna razón de porque sería interesante cambiar nuestra tendencia a debatir por la de dialogar.

A menudo las imágenes que hemos usado para compartir nuestra fe durante la modernidad, señalaban a un ganador y a un perdedor: por ejemplo "cruzadas evangélisticas", ¿qué viene a tu mente cuando escuchas la palabra cruzada?, si conoces la historia seguramente no vendrán imágenes muy agradables. Otras veces hemos hablado de "leyes espirituales", una ley es algo que se impone nos guste o no.

En un debate siempre hay un ganador y un perdedor. En un diálogo, sin embargo, se expone de la manera más entendible posible ideas, y aquellos que escuchan acaban entendiendo sin la sensación de imposición.

En una ocasión un amigo me compartió que le estaba siendo infiel a su pareja, me dio varias razones interesantes y me preguntó que pensaba yo al respecto. Le dije que si fuera él haría exactamente lo mismo, lo cual le sorprendió, ya que conocía acerca de mi fe y mis valores. El siempre había confesado que no creía en la existencia de Dios y que por tanto estamos en este mundo solo para disfrutar al máximo. Le aclaré que con esa cosmovisión del mundo, era lógico que actuara como lo hacía, si yo viera el mundo como él también lo haría. Sin embargo le dije que mi cosmovisión del mundo es diferente, le aclaré lo que suponía creer que Dios existe para mi, el valor de hablar la verdad y no mentir, del perdón, del compromiso, del amor incondicional como elementos que prevalecerán eternamente etc. cuando finalicé le dije: "¿me entiendes?" y el me dijo: "te entiendo".

Dos puntos de vista sobre un asunto y los dos entendidos por las dos partes, no significa aceptación de los mismos. Significa que han sido entendidos. Y creo que a eso somos llamados, a que nuestro mensaje sea entendido. Lo de convencer, es mejor que se lo dejemos al Espíritu Santo, pues sabe hacerlo mejor que nosotros y además es su labor. La Biblia dice que él es quien convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio, y por cierto, lo hace mejor que nosotros.

No podemos olvidar que para ser entendidos, tenemos que usar un lenguaje comprensible. "El Cordero inmolado ha derramado su sangre carmesí para redimirte de tus iniquidades" puede ser muy bíblico, pero es hablar en lenguas sin interpretación para esta generación. Recordemos que el deseo de Pablo de que el don de lengua no fuera usado sin interpretación es sustentado por un principio perfectamente aplicable para este asunto: que no crean que estamos locos y no queden sin entendimiento.

Ver a Dios

Entender que el Espíritu Santo es quien convence, nos libra de nuestra tendencia a discutir y nos permite dar espacio a las personas para procesar en vez de asfixiarlas con argumentos. Entender que él está en el mundo trabajando y que la misión es de Dios y no nuestra, nos permitirá convertirnos en "guias turísticos espirituales", si me permites la metáfora.

Cuando Pablo fue a Tesalónica detectó varios aspectos interesantes: esta gente era muy religiosa, es decir, tenía hambre espiritual, de ahí tantos altares, además, reconocían que había un Dios que no conocían. No solo eso, tenían poetas que habían escrito grandes verdades acerca de la vida espiritual que necesitaban. Pablo podía decir cosas como "veo que sois...", "de este Dios vengo a hablaros", "cómo vuestros propios poetas han dicho...", ¿no tienes la sensación de que el camino estaba preparado?, Pablo señalaba aquellos aspectos presentes en medio de ellos, y les ayudaba a entenderlos. La pregunta es si somos capaces de ver como Dios está trabajando en otros antes de que lleguemos.

Sylvia, mi mujer, se hizo amiga de una chica de otro país, ella le dijo desde el primer momento que no creía en Dios y le explicó sus razones. Esta joven había sufrido mucho en su país de origen, había pedido a Dios ayuda y confesaba que no le respondió. Sylvia le señaló lo siguiente: "estás felizmente casada, tienes trabajo tu y tu esposo, estáis enviando dinero a tu familia, ¿podría ser que Dios haya contestado tus oraciones?", vaya, nunca lo había pensado. La obra de Dios estaba allí, solo había que señalarla como tal.

Cuando entendemos que se trata de la Missio Dei, la misión de Dios, y no la nuestra, entonces nos convertimos en colaboradores suyos, dependiendo y observando su obra en vez de creyendo que se trata todo de nosotros.

Escuchando

Cuando la presencia y la proximidad forman parte de nuestra misión en el mundo, escuchar se vuelve prioritario. La falta de escucha nos lleva muchas veces a contestar lo que no se está preguntando. Decimos "Cristo es la respuesta", ¿pero conocemos cuáles son las preguntas de esta generación?.

Escuchar implica detectar la pregunta detrás de la pregunta. Cuando alguien plantea "¿qué pasa con los que mueren sin conocer a Jesús?" es posible que en verdad estén diciendo: "¿de verdad crees que tienes toda la razón y todas las demás religiones están equivocadas?.

Además, los no cristianos no son los únicos que tienen derecho a hacer preguntas, nosotros también podemos hacerlas y disponernos a escuchar. En una ocasión le dije a un compañero de trabajo: "me has dicho que no crees en Dios, ¿pero cuáles son las razones por la que no crees en Dios?", en su caso, descubrió algo, no tenía muchas razones.

Dios hace preguntas constantemente a lo largo de toda la Biblia. En Génesis 3 le hace a Adán preguntas obvias (como si el no conociera la respuesta...), sin embargo, estas preguntas obligaron a Adán a confesar su estado. Piensa en como Jesús le decía al enfermo "¿qué quieres que te haga?", esto obligaba a aquella persona a detectar su prioridad en ese momento. Si además, entendemos que el Espíritu Santo está obrando en este mundo, las preguntas pueden ser una buena manera de dar a conocer su obra y de que nuestro prójimo conecte con ella en su realidad.

Seamos Honestos

El último aspecto que quiero señalar y que creo que puede ayudarnos a proclamar a Jesús sin sonar a religioso, es el de reconocer nuestras limitaciones.

Este mundo está harto de escuchar respuestas simplistas ante asuntos complejos. Tristemente, los cristianos creemos que tenemos respuesta para todo, y eso simplemente no es así. ¿Por qué tenemos tanto miedo a reconocer nuestras limitaciones y aun debilidades?, sería interesante contestar esta pregunta con sinceridad.

La imagen de que no dudamos, no pecamos y lo sabemos todo, simplemente es mentira, y ante nuestros amigos no cristiano crean dos tendencias:

- aquellos que se creen que somos así, nos ven en un nivel espiritual que no se imaginan que es posible para ellos. Acaban pensando que seguir a Jesús es cosa de personas que realmente son de otro planeta y no para ellos.

- aquellos que saben que es solo una imagen irreal, nos ven como arrogantes e hipócritas.

Ninguna de estas dos imágenes ayudan a la hora de compartir a Jesús.

Soy testigo de que cuando somos honestos y vulnerables, reconociendo nuestras luchas, debilidades y limitaciones, muchos acaban pensando: "si él con todo esto es un seguidor de Jesús, entonces yo también puedo seguirle".

¿Qué tal si en vez de responder rápidamente les proponemos buscar las respuestas juntos?. Las parábolas de Jesús eran una buena manera de cribar a los que realmente estaban buscando y dejar atrapados a los que no tenían un interés real. Jesús no daba el mensaje ya masticado, hacía pensar y obligaba a hacer preguntas si en verdad querías conocer más profundamente. Invitar a las personas a pensar y profundizar como un viaje, en nuestro caso, además de edificarnos nosotros mismos, nos permitirá descubrir a aquellos que tienen un interés real.

Conclusión

Estoy convencido de que este mundo necesita a Jesús y no me cabe duda que la Iglesia está llamada a ser su Cuerpo en el siglo XXI. Así mismo, creo que ser encarnacionales nos permitirá derribar barreras innecesarias a la hora de compartir nuestra fe. Las imágenes negativas que la palabra "cristiano" y "cristianismo" trae a la mente de muchos, es en gran medida la causa de una falta de presencia, proximidad y servicio en medio de un mundo roto. Es también la causa de una actitud agresiva y arrogante a la hora de verbalizar el mensaje. Cuando nos dedicamos a predicar de la gracia y el amor de Dios sin que lo puedan ver en acción en nosotros, les privamos de la mejor comunicación del evangelio, de aquella que Jesús y sus discípulos usaron y de aquella a la que somos llamados, pues no podemos ignorar las palabras del Maestro: "Como él Padre me envió, así yo os envío", presencia, proximidad, servicio y proclamación no debemos separarlas, pues nuestro mensaje se trata de la misma vida de Cristo, esa que se ve, se toca, se huele y se oye.

Ver También:

Jesús Los Convence, Pero La Iglesia No


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