domingo, 9 de febrero de 2014

Teología de la Práctica (parte 3 de 3)

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De Lo Superficial a Lo Profundo

Estaba en casa de un amigo cristiano al que no veo frecuentemente por la distancia, el discipula a muchos en España. Aquel día solo consistió en una sencilla cena y una buena charla acompañada de un poco de vino, pero desde que escuché la oración de agradecimiento antes de tomar los alimentos, fui consciente de que me encontraba delante de alguien con una vida espiritual profunda. Te aseguro que no fue el vino que ya habíamos tomado, había pequeños detalles en él que me hacían sospechar que me estaba perdiendo muchas cosas de Dios. Su acción de gracia no sonaba a monótona, esta persona no solo estaba llena de conocimiento intelectual, se notaba que había en el conocimiento de otro tipo, estaba consciente de la presencia de Dios en ese momento, en medio de una cena sencilla y de una charla con un amigo. Luego descubrí que su concepto de discipulado va más allá de lo que estamos acostumbrados en los ambientes cristianos convencionales, lo cual me parece que tiene algo de relación con lo que percibí.

Vivimos en la era de lo superficial.  Lo triste es que la vida de iglesia y el discipulado se ha vuelto también superficial.

El escritor Richard Foster dijo que no necesitamos cristianos más inteligentes, lo que necesitamos urgentemente son cristianos con una vida espiritual más profunda.

Las disciplinas espirituales nos llaman a movernos de lo superficial a lo profundo, nos animan a ser parte de la respuesta para un mundo lleno de vanidad.

Empecé esta serie mostrando un ejemplo personal de adentrarnos en los marcos teológicos, pues es fácil que estos solo afecten nuestra manera de pensar y no de vivir. En el artículo anterior dije parafraseando a Dallas Willard que podemos ser como Cristo si vivimos como el vivió. Traté de reconciliar la fe con las obras y para ello desligué las obras del mérito personal para relacionarlas con la misma vida de Cristo en nosotros. Expliqué porque la gracia no consiste en estar de brazos cruzados y porque es tan peligroso la fe de tipo mental que deja nuestros cuerpos quietos e indefensos ante el egoísmo. Acabé explicando como las prácticas espirituales son sinónimos de sembrar para el espíritu, de colocarnos en el lugar donde Dios bendice. Ahora creo que puede ser un buen momento para abordar lo que debe y no deben ser las disciplinas espirituales.

Es Para Todos

Las disciplinas espirituales son para las personas ordinarias en la vida cotidiana. No son prácticas difíciles, por el contrario, aquel que se inicia en seguir a Jesús y aun el no cristiano debería practicarlas.

Una de nuestras amigas descubrió que en nuestra comunidad cristiana muchos nos comprometemos a leer juntos un libro de la Biblia durante el mes. Ella quiso acompañarnos con esta práctica, aunque no hacía mucho que había confesado que no era cristiana. Fuimos sorprendidos de lo que empezó a ocurrir en su vida. Siempre recordaré el momento en el que manifestaba entre lágrimas que Dios había estado hablándole directamente a ella.

El requisito para las disciplinas espirituales no están en complejas técnicas, están más bien en el campo de la actitud. Estas no suelen resultar sin un anhelo de Dios tal como lo expresó David en los salmos: “Como el ciervo brama... así clama oh Dios el alma mía, mi alma tiene sed de Dios...” Salmo 42:1-2

Para Ser Libres

Las disciplinas espirituales no son una insípida práctica que nos esclaviza en la monotonía, sino una manera de ser libres de la esclavitud en la que nos encontramos. Estas deben sacarnos de la monotonía del estancamiento. El efecto de las mismas debe estar relacionado con la restauración con Dios, con nosotros, con el prójimo y con el entorno.

En "El Espíritu De Las Disciplinas" Dallas Willard nos recuerda que sabemos hablar del pecado como una condición: “...ya hemos demostrado que tanto los judíos como los gentiles están bajo el pecado” Romanos 3:9b, pero no podemos olvidar que el pecado se abre camino a través de los miembros de nuestros cuerpo, de los hábitos arraigados en nosotros: “Porque cuando nuestra naturaleza pecaminosa aún nos dominaba, las malas pasiones que la ley nos despertaba actuaban en los miembros de nuestro cuerpo, y dábamos fruto para muerte.” Romanos 7:5

Al igual que los movimientos naturales del mar producen cieno y lodo, bajo la condición del pecado nosotros producimos egoísmo, indiferencia, falta de misericordia... “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo” Isaías 57:20

Las disciplinas nos plantean romper con el ritmo que genera ese cieno y ese lodo.

Esfuerzo y Gracia

Sin embargo, luchar con el viejo hombre con la fuerza de nuestra voluntad nos lleva a un terrible camino, el de la vanagloria, donde acabamos adorando nuestra propia voluntad. Es por ello que al abordar este tema, tenemos que aclarar que no podemos librar o purificar nuestro propio corazón mediante el ejercicio de nuestra propia voluntad. El apóstol Pablo lo expresó claramente:

“Si con Cristo vosotros ya habéis muerto a los principios de este mundo, ¿por qué, como si todavía pertenecierais al mundo, os sometéis a preceptos tales como: “No tomes en tus manos, no pruebes, no toques?” Estos preceptos, basados en reglas y enseñanzas humanas, se refieren a cosas que van a desaparecer con el uso. Tienen sin duda apariencia de sabiduría, con su afectada piedad, falsa humildad y severo trato del cuerpo, pero de nada sirven frente a los apetitos de la naturaleza pecaminosa.” Colosenses 2:22-23

La voluntad, al igual que la ley, solo hace frente a lo externo y no transforma nuestro interior. El cambio interno que necesitamos solo viene de Dios, de su gracia, no se logra ni se gana a través del esfuerzo.

Ahora bien ¿Significa esto que nuestro discipulado, nuestro camino de seguir a Jesús, implica quedarnos pasivos y de brazos cruzados? Ya hemos visto que no.

El Camino De La Gracia Disciplinada

Dietrich Bonhoeffer dijo: “La Gracia es gratis pero no barata” y así es. Además, no podemos olvidar que muchos rehusaron seguir a Jesús porque no querían incluir algunas prácticas en sus vidas. Recuerda al joven rico a quien Jesús le dijo: “vende todo lo que tienes y luego ven y sígueme”.

Al hablar del camino de la gracia disciplinada, me refiero a una senda que se encuentra acotada por dos peligros:

- a la derecha está el precipicio del esfuerzo personal para lograr la justicia, lo cual nos haría caer en la herejía del moralismo.
- a la izquierda está la ausencia del esfuerzo humano para lograr la justicia, lo cual nos haría caer en la herejía del antinomianismo.

La senda que propongo, siendo portavoz del punto de vista de autores como Dallas Willard y Richard Foster, es el de las disciplinas de la vida espiritual.  Lo que hay que tener claro es que no es el sendero el que produce el cambio, pero sin embargo, estar en él permite que el cambio pueda ocurrir. Este sendero tiene que ver con sembrar para el espíritu en vez de sembrar para la carne.

Peligros a Evitar

No entender que somos salvos por gracia a través de la fe en Cristo puede convertir las disciplinas espirituales en un camino de muerte. La Biblia nos da continuamente el ejemplo de los líderes religiosos de la época de Jesús. En ellos podemos percibir como ciertas prácticas se convirtieron en leyes para manipular a otros o en un camino para buscar la propia gloria.

A menudo, otro peligro que percibo actualmente, es el de convertir las disciplinas espirituales en un medio para controlar a Dios. Por ejemplo, podemos orar y ayunar como si se tratase de la técnica con la que frotamos la lámpara del genio, esperando que al hacerlo se nos concederá nuestros deseos.

Es por estos peligros, que debemos mirar a Jesús como nuestro modelo a la hora de practicar las disciplinas espirituales y tener muy en cuenta sus enseñanzas.

La Naturaleza De Las Disciplinas

Jesús dijo a sus discípulos: “Estad alerta y orad para no caer en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil” Mateo 26:41

El contexto de estas palabras las encontramos en el Getsemaní, donde Jesús se dispone a orar en un momento muy difícil de su ministerio, ya que obedecer al Padre implicaba entregar su propia vida.

Jesús pide a sus discípulos que les acompañen en oración, sin embargo, no pasa demasiado tiempo cuando los encuentra dormidos, a lo cual el Maestro les pregunta: “¿Ni tan solo una hora?”

"Orad para no caer en tentación" nos habla de una actividad a través de la cual obtenemos la disposición y habilidad para responder al entorno conforme a la voluntad de Dios. Jesús les estaba diciendo que la oración les permitiría la condición necesaria para recibir la ayuda del Padre.

Sin embargo, ellos no oraron y el resto de la historia nos habla de que ellos huyeron, de un Pedro negando a su Maestro y de un Jesús permaneciendo fiel a la voluntad del Padre.

Dallas Willard dijo “La señal de una persona disciplinada es que es capaz de hacer lo que se debe hacer cuando es necesario hacerlo".

Disciplinas Espirituales

No quiero acabar esta serie sin nombrar algunos ejemplos de prácticas espirituales en la Biblia. Soy consciente de que no existe una lista concreta y definitiva de disciplinas y de que no hay técnicas correctas o incorrectas, sino actitudes correctas o incorrectas. El que oremos en silencio, corriendo, en el coche o durmiendo al bebé dependerá de las circunstancias y personalidad de cada practicante. Soy consciente que los cambios en la vida nos empujarán a usar la creatividad y nos ayudará a darnos cuenta de que este terreno no es un terreno de técnica depurada, sino de búsqueda y anhelo profundo. Además la disciplina es, por así decirlo, el ejercicio para desarrollar un músculo que nos falta, por ello algunas serán más apropiadas que otras según nuestra condición. Espero que las necesidades y creatividad de cada uno permitan ampliar los siguientes ejemplos bíblicos:

- La soledad, el silencio (Mateo 4:1-11, Lucas 6:12, mateo 14:13, 23, Marcos 6:31, Lucas 5:16...): retirarse no para no escuchar, no para huir, sino para escuchar mejor

- La Meditación (Génesis 24:63, Salmo 119:148, Salmo 119:78, Salmo 1:2...): Richar Foster dice: "El hecho de que la meditación suene a una práctica extraña dentro del cristianismo, es una señal sobre el triste estado de la espiritualidad del cristianismo moderno. La meditación siempre ha sido un clásico y fundamental como una preparación para la oración y una obra conjunta con ella".

- El ayuno (Daniel 10:3, Lucas 4:2-13, Hechos 9:9, 13:2-3, Levítico 23:27, Esdras 8:21-23, 2ª Corintios 11:27, Mateo 6:16-18, 9:15...): Nos fortalecemos en no obedecer los deseos de nuestra carne con el fin de dedicarnos a otros asuntos.

- El Secreto (Mateo 6:3-4, 6, 18): Hacer el bien a otros y no decirlo a nadie

- La Confesión (Juan 20:23, Santiago 5:16): Reconocer nuestros errores ante otros que son capaces de no juzgarnos y aceptarnos.

- La oración (Marcos 1:35, Lucas 11:1, Juan 15:7, 1ª Tesalon. 5:17...): Expresarnos ante Dios, aprender del Padre Nuestro... no cabe duda de los muchos ejemplos del Maestro al respecto.

- La Lectura Bíblica comunitaria: (Lucas 4:16, Juan 5:39, 2ª Timoteo 3:16,  Hechos 17:11...) Acercarte junto a otros a conocer la intervención de Dios en la historia, conocer las enseñanzas de Jesús, conocer las enseñanzas de los seguidores de Jesús.

Para Seguir Profundizando

Si has seguido la serie hasta aquí, es muy probable que realmente quieras seguir profundizando en este tema, es por ello que quiero recomendarte algunos de los libros en español donde me he inspirado. De hecho esta serie ha tratado de resumir algunos de ellos.

La importancia de profundizar y tomar pasos prácticos en nuestro discipulado y nuestra labor discipuladora es en parte, a que ya sabemos que el resultado de un discipulado basado en eventos es cristianos consumistas. Dios nos ayude a que nuestro discipulado consista en mucho más que sentar personas a escucharnos o sentarnos nosotros a escuchar.

Bibliografía:


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